El perfil de pareja altamente riesgosa ocupa la conversación tras siete muertes de mujeres en pocos días y el creciente reclamo social contra la violencia de género, según el psiquiatra José Miguel Gómez.
Gómez destacó que esas siete víctimas representan solo la punta del iceberg. También multiplican por siete o diez la cantidad de mujeres sometidas a violencia física, psicológica, sexual, económica y digital.
“La violencia digital consiste en poner cámaras, GPS o micrófonos para vigilar 24 horas a la pareja”, afirmó el especialista en Despierta con CDN.
El psiquiatra explicó que, aunque el indicador es mundial, Latinoamérica registra tasas más altas, y citó a España, El Salvador, Guatemala, Honduras y la República Dominicana entre los países con índices relevantes.
Roles de género desiguales
Gómez atribuye la prevalencia en la región a la cultura patriarcal y a roles de género desiguales que conciben al hombre como propietario o proveedor que “cree” poseer a la mujer.
Según el especialista, el feminicidio no es un hecho aislado: quien lo comete suele presentar un prontuario. Además de señales previas de control y agresión que muchas veces se normalizan en nombre del amor.
Enumeró perfiles de riesgo: control excesivo, celos, posesividad, baja tolerancia a la frustración, ira descontrolada, incapacidad de diálogo, amenazas reiteradas y conducta de propietariedad económica.
Gómez sostuvo que estos comportamientos pueden aparecer desde el noviazgo. También persistir tras el matrimonio o la paternidad, y que “ningún hombre machista, violento y controlador cambia solo con el tiempo”.
Advirtió sobre la imitación: la difusión sensacionalista en redes puede estimular a personas vulnerables a reproducir actos violentos, fenómeno similar al contagio observado en suicidios.
Prevención, educación y respuesta institucional
El psiquiatra subrayó la necesidad de manejo no violento de los conflictos de pareja: diálogo, establecimiento de límites y separación cuando sea necesario para proteger a las víctimas y a los hijos.
En la educación temprana planteó la importancia de una formación con equidad de género y “buenos tratos”, donde niños y niñas aprendan respeto mutuo. También responsabilidades compartidas.
Sobre patrones familiares, Gómez habló de traumas intergeneracionales y de cómo la violencia puede reproducirse de abuelas a nietas, comparándolo con patrones de pobreza o alcoholismo.
En relación con el sistema de protección, recordó que en el país existen hogares de acogida y fiscales especializados en violencia de género en todas las provincias. Además identificó fallas en la prevención y en la aplicación de medidas de protección.
Señaló la importancia de que, tras una denuncia, la justicia utilice evaluaciones psicológicas o psiquiátricas rápidas para determinar el perfil del agresor. También aplicar medidas efectivas de alejamiento.
Gómez reiteró que la violencia de género es un problema cultural y social que requiere respuesta transversal: familia, escuelas, iglesias, instituciones estatales. También la sociedad civil deben intervenir para romper la continuidad de la violencia.