El geólogo y presidente de la Comisión de Supervisión de Infraestructuras Públicas ante el Cambio Climático Osiris de León explicó en Despierta con CDN que las causas del daño en el terremoto de Venezuela y llamó a que el Caribe aprenda lecciones sobre sismoresistencia y actualización de normativas.
De León señala que el gran daño se debe a la cercanía del epicentro, a que el hipocentro es poco profundo y a los suelos blandos en el norte de Venezuela. También menciona el colapso vertical de edificios debido a las diferencias de rigidez entre los niveles.
«Cuando el suelo deja de moverse, esto deja una línea recta. Si un minuto después comienza de nuevo, tú tienes un segundo evento», afirmó De León al explicar por qué considera que fue un solo proceso de ruptura y no dos terremotos independientes.

Señaló que la falla es de desgarramiento y que la ruptura se desarrolló a lo largo de cientos de kilómetros, con ondas superpuestas en los sismogramas que pueden dar la impresión de eventos múltiples.
Recordó que eventos previos en la región, como Haití (2010) y Puerto Rico (2020), debieron servir de advertencia. También que la incapacidad económica para reconstruir agravó la desintegración social en Haití.
De León afirmó que la magnitud instrumental osciló entre 7.2 y 7.5 y que la profundidad somera y la presencia de suelos arcillosos, limos y arenas favorecieron el colapso vertical «tipo panqueque» observado en Caracas, La Guaira, Maiquetía y Catia La Mar.
Explicó que, a diferencia del vuelco de edificios —que aumenta la supervivencia—, el colapso vertical genera impactos sucesivos entre pisos y reduce drásticamente las probabilidades de vida.
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Recomendaciones y medidas prácticas
Propuso realizar una micro sonificación sísmica en cada núcleo urbano mayor a 10.000 habitantes para catalogar tipos de suelo y poner esa información públicamente visible en las alcaldías.
Pidió actualizar el código de edificación con criterios de sismoresistencia medidos para cada zona, revisando la normativa periódicamente y adaptándola a las lecciones de cada terremoto.
Mencionó el aislamiento sísmico como solución práctica, citando su uso en hospitales de Japón y Chile y en el refugio dominicano de San Francisco de Macorís, con un sobrecosto estimado entre 10% y 15% del presupuesto que puede compensarse reduciendo áreas.
Advirtió sobre la alta proporción de construcción informal (estimada en torno al 70%) sin estudios ni planos. Además urgió a reducirla mediante controles, comunicación pública y responsabilidad de las autoridades.
Recomendó que todas las obras estatales —escuelas, hospitales, puentes, pasos a desnivel— pasen obligatoriamente por revisión de sismoresistencia antes de su ejecución.
Finalmente, insistió en que la región caribeña debe coordinar mensajes. También acciones para robustecer estructuras frente a terremotos, huracanes y crecidas de ríos, y así aumentar la seguridad ciudadana ante futuros eventos naturales.