Santo Domingo. En el sector Los Cacicazgos, una de las zonas residenciales más emblemáticas del Distrito Nacional, las calles no solo identifican direcciones, sino que también preservan parte de la historia dominicana. Nombres como Anacaona, Caonabo, Atuey y Enriquillo rinden homenaje a los principales líderes taínos que enfrentaron la colonización española.
Entre esas vías destaca la avenida Enriquillo, cuyo nombre recuerda a uno de los principales símbolos de la resistencia indígena en la isla La Española. Aunque fue criado bajo la tutela de los españoles, aprendió a leer y escribir, hablaba castellano y se convirtió al cristianismo. Su historia dio un giro tras denunciar un abuso cometido por un español contra su esposa, doña Mencía.
Al no obtener justicia de las autoridades coloniales, Enriquillo abandonó el sistema de encomiendas en 1519 y se refugió junto a su pueblo en la Sierra de Bahoruco, desde donde inició una rebelión que se prolongó durante 14 años.
La resistencia que desafió a la Corona española
Durante ese tiempo, el cacique utilizó estrategias de guerrilla y aprovechó el terreno para atacar a las tropas españolas y desaparecer entre las montañas. A su movimiento también se unieron otros indígenas y personas esclavizadas que escapaban de los ingenios, fortaleciendo la resistencia.
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Las autoridades coloniales enviaron numerosas expediciones para capturarlo, pero ninguna logró derrotarlo militarmente. Finalmente, la Corona española optó por negociar y en 1533 firmó un acuerdo de paz con Enriquillo. El pacto le reconoció sus tierras y le otorgó el título de «don», una distinción reservada para la nobleza de la época.
Historiadores consideran este pacto como uno de los primeros tratados de paz suscritos en América. Siglos después, la figura del cacique alcanzó mayor trascendencia cuando el escritor dominicano Manuel de Jesús Galván publicó en 1882 la novela Enriquillo, una de las obras más importantes de la literatura nacional. Aunque algunos aspectos de su vida siguen siendo objeto de debate histórico, Enriquillo permanece como uno de los principales símbolos de la resistencia taína y de la lucha por la justicia en la historia de la República Dominicana.