El Dr. José Miguel Gómez explicó en Despierta con CDN cómo gestionar la incertidumbre y el impacto emocional ante catástrofes, tomando como referencia el terremoto en Venezuela además de otras experiencias previas de catástrofes y tragedias.
El especialista dijo que las catástrofes generan dolor, pérdida y crisis inevitables, y que la clave es aprender a gestionar probabilidades, aceptar las pérdidas y reparar la funcionalidad lo antes posible, tanto individual como colectivamente.
“La salud mental debe entrar junto con los programas de asistencia en traumatología”, afirmó, subrayando la intervención inmediata para trabajar el aquí y el ahora, acompañar la angustia y expresar ira y rabia.
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Explicó las pérdidas ambiguas, cuando la ausencia de rituales o la desaparición impiden el cierre del duelo, lo que prolonga el sufrimiento y la ambivalencia en familiares.
Sobre los problemas observados en Venezuela, mencionó trastornos de ansiedad, insomnio, depresión, duelo, estrés postraumático y pérdida de identidad por la desaparición de documentos, teléfonos y cuentas bancarias.
En cuanto a la responsabilidad estatal, indicó que corresponde al Estado venezolano restaurar servicios esenciales —agua, energía, higiene, alimentación. Y garantizar orden y seguridad para recuperar la funcionabilidad social.
Advirtió además que la salud mental requerirá atención a largo plazo por procesos de duelo y trastornos que pueden durar meses o años.
Atención a quienes responden y al impacto informativo
Señaló que también necesitan asistencia los bomberos, policías, socorristas, autoridades y trabajadores que operan en la crisis, y pidió apoyo internacional de psiquiatras, psicólogos y medicamentos ante la escasez en Venezuela.
Sobre la exposición constante a imágenes y noticias en tiempo real, recomendó administrar el tiempo de información para evitar la “parálisis con el análisis” y proteger el sueño y la salud mental.
Indicó que la solidaridad activa —comunicar si se tiene un familiar, donar en centros de acopio— es una forma positiva de canalizar la angustia y contribuir desde la distancia.
Respecto a la incertidumbre por desaparecidos, describió cómo en las carpas de asistencia se realizan dinámicas grupales para que niños y adultos expresen y colectivicen el dolor. Y alertó que las réplicas aumentan la angustia.
Recordó la respuesta dominicana en el envío de socorristas y personal médico a Venezuela y la necesidad de ordenar la limpieza, la ayuda material y el acompañamiento psicológico y psiquiátrico.
Prevención, voluntariado y trabajo comunitario
Gómez propone articular un espíritu de voluntariado nacional en lo público y privado: ayuntamientos, gobernaciones, universidades, iglesias, escuelas y empresas deben tener comités preparados para catástrofes.
Explicó que la intervención en salud mental debe comenzar en la crisis y prolongarse uno o dos años, con terapias dinámicas de grupo en las comunidades para fortalecer la resiliencia y evitar el aislamiento de las víctimas.
Sobre los niños, pidió no excluirlos ni mentirles; recomendó explicar la verdad de la pérdida, integrarlos en funerales y actividades terapéuticas —pintar, dramatizar— para prevenir pesadillas, problemas de aprendizaje o somatizaciones.
Concluyó que el dolor es inevitable pero que la aceptación colectiva y el acompañamiento permiten la recuperación: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Y la organización social y la preparación ciudadana son determinantes para la respuesta efectiva.