Santo Domingo, R.D. – El climatólogo dominicano en Puerto Rico, Rafael Méndez, aseguró que no le sorprendió el intenso aguacero ocurrido recientemente en el Distrito Nacional y Santo Domingo, y atribuyó la magnitud del evento a factores climáticos y a la falta de preparación del país.
Explicó que estos fenómenos están vinculados al aumento de las temperaturas y ocurrirán con mayor frecuencia, y que la magnitud del impacto depende de cuán preparado esté el país, el cual, dijo, no lo está.
«No me sorprendió porque vengo hace muchos años advirtiendo de que estos fenómenos van a ocurrir y que van a ser cada vez más frecuentes», afirmó el climatólogo durante entrevista en el programa Despierta con CDN.
Detalló que estos episodios se pueden predecir con buena aproximación si existen sistemas de radares funcionando y personal técnico calificado, aunque precisó que no siempre se puede precisar la cifra exacta de milímetros.
Identificó la vaguada y el cumulonimbo como generadores del evento: nubes tropicales de 8 a 10 kilómetros de altura, muy bien focalizadas, con corrientes ascendentes y descendentes que pueden producir lluvia intensa, tormentas eléctricas, granizo y tornados interiores.
Sobre la tecnología, indicó que la República Dominicana ha comenzado a instalar algunos radares, pero enfatizó la necesidad de contar con técnicos capacitados para interpretarlos y operar el sistema de alerta temprana.
Señaló que, según su conocimiento, en el país faltan meteorólogos graduados en universidades reconocidas; predominan técnicos e ingenieros, lo que limita la capacidad de análisis especializado de datos radar.
El climatólogo recordó el huracán George (1998) como precedente de eventos que tomaron por sorpresa y subrayó la importancia de la detección y la comunicación entre las instituciones encargadas.
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Factores urbanos y gestión institucional
Advirtió que la extensión urbana no planificada aumenta el riesgo: la construcción de torres en áreas antes residenciales eleva la escorrentía, y sistemas de tuberías y drenaje no diseñados para esas cargas colapsan.
Mencionó la acumulación de basura que obstruye puentes y cañadas, y la ausencia de nuevas normativas y códigos de construcción que permitan mejorar la percolación y reducir inundaciones.
También apuntó a la superposición de organismos relacionados con el clima —consejo de cambio climático, ministerio de recursos naturales, Indrhi, meteorología— y preguntó qué funciones cumple cada uno, insistiendo en la necesidad de profesionalizar el instituto meteorológico.
Reiteró que, aunque exista «andamiaje institucional» y leyes que formalmente conviertan la entidad en instituto, la contratación de personal capacitado y la asignación de recursos para tecnología y remuneraciones aún no se han materializado.
Pronosticó además una mayor recurrencia de eventos extremos durante el año por la mayor evaporación en el trópico y por la posible aparición del fenómeno El Niño en septiembre, tras un periodo de transición que podría incrementar olas de calor y tornados.
Indicó que el promedio de lluvia en abril para el Distrito Nacional es de 75 milímetros, y que alcanzar 400 milímetros en un episodio puntual supera la capacidad de drenaje, especialmente donde la ciudad está más pavimentada y densamente construida.
Concluyó que, pese a la mejora tecnológica posible, la respuesta efectiva requiere combinar equipos modernos con personal especializado, planificación urbana y educación ciudadana para reducir la vulnerabilidad ante lluvias extremas.