Existe amplia evidencia que revela que la protección de la propiedad privada, incluida la intelectual, fomenta la inversión en investigación y desarrollo, vinculando la dinámica empresarial al crecimiento económico sostenido. Asimismo, un sistema judicial accesible y eficaz fortalece el régimen de propiedad privada. Facilita la ejecución de proyectos de riesgo, indispensables para que las nuevas tecnologías desplacen a las obsoletas mediante el proceso de destrucción creativa.
Todo ello requiere la creación de marcos regulatorios que se diseñen y se gestionen por funcionarios seleccionados. Mediante un sistema meritocrático, orientado a la creación de valor y al desarrollo de instituciones sólidas, modernas y eficientes. La promoción de la competencia en los mercados de bienes, servicios y factores de producción. Garantiza que los innovadores del pasado no obstaculicen la entrada en el mercado a futuros actores. Con tecnologías modernas, capaces de desplazar los productos obsoletos y eliminar las empobrecedoras rentas monopólicas. Una competencia justa, en un entorno de estabilidad macroeconómica, promueve la asignación óptima de los recursos productivos y eleva el bienestar de los consumidores.
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Asimismo, un mercado laboral flexible, que permita la movilidad de los trabajadores con el menor costo posible. Podría mejorar la asignación de los recursos humanos y aumentar la productividad laboral. Ello estimularía la creación de empleos mejor remunerados. Tanto para los trabajadores cualificados como para aquellos con bajo nivel educativo, lo que se traduciría en un crecimiento económico sostenido e inclusivo.
Por último, la sociedad debe respaldar las reformas estructurales necesarias para desatar las fuerzas de la creación destructiva. Con el fin de que el crecimiento económico perdure y supere de forma sostenida el 5% anual. Alcanzar ese objetivo exige construir una narrativa de éxito. Basada en el progreso tecnológico, capaz de involucrar tanto a las generaciones presentes como a las futuras.
Las lecciones expuestas permiten afirmar que aún queda mucho por hacer en la República Dominicana. Para establecer un modelo de crecimiento económico basado en la innovación y la destrucción creativa.