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Virgen de la Altagracia: fe, tradición y devoción que unen al pueblo dominicano cada 21 de enero

Durante la festividad, devotos expresan gratitud, esperanza y promesas cumplidas, en una tradición que se ha transmitido por generaciones.

Cada 21 de enero se celebra el Día de Nuestra Señora de la Altagracia.

Higüey, La Altagracia. — Cada 21 de enero, la República Dominicana se detiene para rendir homenaje a Nuestra Señora de la Altagracia, advocación mariana reconocida como la protectora espiritual del pueblo dominicano. La fecha, declarada día no laborable, congrega a miles de fieles que acuden desde distintos puntos del país y del extranjero a la Basílica-Catedral de Nuestra Señora de la Altagracia, en Higüey, epicentro de esta manifestación de fe.

Durante la festividad, devotos expresan gratitud, esperanza y promesas cumplidas, en una tradición que se ha transmitido por generaciones. También que reafirma la identidad religiosa y cultural de la nación. La devoción también se extiende a la diáspora dominicana, especialmente en ciudades como Nueva York.

Origen histórico de la advocación

La devoción a la Virgen de la Altagracia tiene sus raíces en Extremadura, España, específicamente en los poblados de Garrovillas de Alconétar (Cáceres) y Siruela (Badajoz), donde se venera bajo tradiciones propias. Con el paso del tiempo, esta advocación fue adoptada en la isla y se convirtió en un símbolo de protección y fe para los dominicanos.

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Significado espiritual

Para los creyentes, la Virgen de la Altagracia representa la protección divina, la esperanza y el amor maternal de María, madre de Jesucristo. Aunque la fe católica sostiene que los milagros provienen de Dios, los devotos consideran a la Virgen como una intercesora. Además, su presencia se manifiesta en testimonios de sanación. También consuelo y acompañamiento espiritual.

Una celebración que trasciende fronteras

Más allá de los actos litúrgicos y procesiones, el Día de la Virgen de la Altagracia es una jornada de unidad nacional, donde la fe se convierte en un vínculo que conecta a los dominicanos dentro y fuera del país. Cada año, la celebración reafirma el papel de esta advocación mariana como símbolo de identidad, tradición y esperanza para toda la República Dominicana.

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