Uruguay: viaje al heroísmo y la dignidad humana

En mi segundo y último día  de trabajo de investigación de campo sobre mi tema de tesina, en Uruguay, llegué a Montevideo proveniente de Colonia del Sacramento, teniendo como acompañante y guía al joven profesor universitario Juan Manuel Godoy, a quien conocí en un curso que hiciera sobre Derecho Internacional en  Castellón, España; tuve una  entrevista con la Dra. Ivonne Klinger, (se graduó de doctora al salir de la prisión) una mujer de dimensiones extraordinarias, y que me impactó de forma contundente en mi percepción sobre la democracia, dado que olvidaba  o, mejor dicho, me hacía falta tener más conciencia sobre los crímenes de las dictaduras.

El Frente Amplio que llevó a Tabaré Vásquez al poder ha dejado atrás  la ley de caducidad y ha procesado a asesinos de esa dictadura, y están buscando los cadáveres de muchos de los desaparecidos por el gobierno militar, que formó parte de la Doctrina de Seguridad Nacional, y de la logística macabra del Plan Cóndor (más de 40  mil personas fueron asesinadas). Si el Frente Amplio pierde las elecciones presidenciales en julio de este año, es muy posible que toda la política de reivindicación de justicia iniciada por este frente político se descontinúe. El triunfo de la referida coalición política en las elecciones de 2005, fue una sorpresa para muchos pero,  a decir verdad, no fue más que una postergación de una victoria que debió haber ocurrido hace 30 años, y que se vio truncada por la referida Doctrina de Defensa de la Seguridad Nacional.

En su cátedra al suscrito, la Dra. Klinger  habló de sus 8 años (viviendo en la clandestinidad) huyendo de la policía política del régimen militar uruguayo que iniciara Pacheco Areco, de sus 4 meses de prisión en la tablada, centro de tortura,  y donde le aplicaron la picana (electrochoques), además de la roldana (colgada desnuda, encapuchada y atada de brazos) de sus 2 meses de aislamiento, donde casi pierde la razón, y las más de 8 ocasiones que le hicieron creer que le iban a fusilar a campo abierto cuando le gritaban: !Corre! !Corre! y luego hacían disparos al aire y dándole un toque despreciable con  sonoras carcajadas  burlonas;  también de  sus posteriores años de prisión, por haber atentado contra la Constitución de la República Oriental del Uruguay.

La paradoja es  que los militares llegaron al poder violando la constitución, porque dieron un golpe de estado y cerraron el congreso. Asimismo, la Dra. Klinger conversó de su relación amorosa con su esposo, que estuvo 6 años preso, sin ella poder ir a visitarlo, y al poco tiempo de él salir de prisión, (apenas se habían 3 veces, en encuentros furtivos, ocultándose de los cancerberros de la dictadura), a ella la hicieron presa.

Algo que  dijo, al preguntarle de dónde sacó fuerzas para aguantar tantas vejaciones, fue: de mis ideales, que forman la razón de mi existencia, y mis relaciones afectivas: Hay que rodearse de gente que nos dan lo mejor de sí, esto nos sirve de estímulo para soportar  las atrocidades que se cometan en contra nuestra, y con las cuales se persigue hacernos perder nuestra dignidad como persona (no le permitían asearse, para luego enrostrarle que tenía mal olor), nuestro valor, como parte de la gente que tiene en su interior un espíritu  humano, y como parte del pueblo que es parte de los procesos que se dan en la historia, deseando ver cambios positivos  en un mundo donde prevalece  la opresión.

La Dra. Klinger tuvo la gentileza de mostrarme 3 recuerdos que tenía de sus años en la cárcel. No sé cómo, pero existía en aquella pequeña sala un ambiente de cordialidad, comprensión, y hasta de complicidad en las ideas que, de pronto, la Dra. Klinger  tomó uno de los tres recuerdos de sus años de prisión (un dibujo con un lazo tipo pendiente,  hecho de un hueso de carne de ganado vacuno) y  lo puso en mis manos, diciéndome, con voz afable y con una mirada alegre: Toma, es para ti.

Al salir de su casa, con mi espíritu en completa ebullición de ideas y de renacimiento por todo lo aprendido, Juan Manuel me dijo: Ella está sufriendo de cáncer. Esta noticia me impactó mucho, porque en sus palabras siempre sentí el vigor, la fortaleza y la actitud de luchadora eterna, a un punto tal que le manifesté, sin ánimo de halagarle: Tiene usted un espíritu de veinteañera.  La Dra. Klinger, con su humilde y valiente accionar  engrandece la raza humana. Su vida es una inequívoca demostración  de la necesidad de cultivar  nobles ideales, que no solamente permiten la lucha más tenaz y feroz en contra de la perversidad y la opresión.

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