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Una política monetaria ruidosa | Jaime Aristy Escuder

El carácter errático de la comunicación del Banco Central de la República Dominicana (BCRD) resulta preocupante. A finales de marzo, la entidad publicó su comunicado de política, donde anunció “la decisión de mantener su tasa de interés de política en 5.25% anual”; al mismo tiempo, indicó que seguirá el monitoreo de las condiciones internacionales para adoptar medidas que contribuyan al cumplimiento de la meta de inflación. Esa postura fue ratificada el 12 de abril, cuando anticipó que la inflación rebasaría el límite superior de la meta, dando a entender que, para garantizar el anclaje de las expectativas, estaría en condiciones de aumentar la tasa de interés.

No obstante, pocos días después, el organismo emisor publicó un documento donde destacó la existencia de “condiciones de liquidez holgadas”, derivadas de la provisión de 81 mil millones de pesos dentro del marco de la Facilidad de Liquidez Rápida de junio de 2025 y del recorte de 50 puntos básicos en la tasa de referencia, medidas que presionan a la baja las tasas de interés.

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A finales de la semana pasada, el BCRD informó al país que la inflación sobrepasó el límite superior de la meta y se colocó en un 5.11%. Ante ese resultado, la función de reacción de la autoridad monetaria apunta a la necesidad de un ajuste restrictivo, mediante el aumento de su tasa de interés y la colocación de títulos valores que extraigan liquidez del mercado. Sin embargo, el 12 de mayo las autoridades decidieron aplazar hasta enero del año 2027 el retorno de 46 mil millones de pesos asociados a las facilidades de liquidez cuyo vencimiento estaba previsto para junio del presente año, a fin de que no suban las tasas de interés.

Ese viraje de política constituye una grave contradicción que crea un peligroso ruido monetario.

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