El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) emitió, en poco tiempo, dos señales de política monetaria que apuntan en direcciones opuestas. A finales de abril, anunció que mantendría inalterada su tasa de interés de referencia, se declaró vigilante ante las presiones inflacionarias y dejó abierta la posibilidad de implementar una política restrictiva si las circunstancias así lo requerían. Dos semanas más tarde, aplazó hasta enero de 2027 el reintegro de unos 46 mil millones de pesos de recursos correspondientes a la Facilidad de Liquidez Rápida con vencimiento a junio de 2026, a fin de preservar condiciones de liquidez “adecuadas” en el sistema financiero y evitar presiones alcistas sobre las tasas de interés.
Esas dos decisiones, tomadas en un breve intervalo de tiempo, son incompatibles. La primera revela la disposición a endurecer la política monetaria ante una mayor inflación. La segunda opera en sentido contrario, ya que reduce la probabilidad de un aumento de las tasas de interés. El resultado es un mensaje ambiguo y errático.
Una señal monetaria es una acción o comunicación del banco central que transmite información creíble y consistente sobre su función de reacción. La conocida regla de Taylor es un ejemplo de una señal precisa y coherente, ya que establece cómo se debe ajustar el tipo de interés de política cuando la tasa de inflación se desvía de la meta o la actividad económica se aleja de su nivel potencial.
El valor de la señal radica en que reduce la incertidumbre sobre las tasas de interés y favorece el anclaje de las expectativas. Dado que el Banco Central ha estado emitiendo señales contradictorias, el resultado es un ruido que perjudica la estabilidad macroeconómica.