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Por una política monetaria consistente con la estabilidad | Jaime Aristy Escuder

En su visita de septiembre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó al Banco Central que “continúe guiándose por los datos, con futuras decisiones de política orientadas por el impacto de la nueva información sobre las perspectivas de inflación y de la economía”.

Esto significa que cualquier decisión sobre recortes adicionales de la tasa de política monetaria debe estar precedida por un análisis riguroso de la trayectoria futura de los precios.

El FMI fundamentó su recomendación en el hecho de que, para esa fecha, la tasa de política monetaria en términos reales se ubicaba entre un 1% y un 2%, que es el nivel estimado de la tasa de interés real neutral (la que no presiona hacia arriba la inflación ni deprime la economía) cuando el esquema de metas de inflación opera de manera adecuada. Además, tuvo en cuenta que las autoridades monetarias habían autorizado en junio una inyección de liquidez por 81 mil millones de pesos, que “aún se están transmitiendo a las tasas de mercado”.

Posteriormente a la misión del FMI, el Banco Central redujo en octubre otros 25 puntos básicos a la tasa de referencia hasta colocarla en un 5.25%. Dado que la tasa de inflación interanual de noviembre alcanzó un 4.81% (la más alta desde abril de 2023), puede estimarse que la tasa de interés real de política se situó en torno al 0.44%, cifra por debajo de la tasa de interés real neutral. Por ello, podrían ocurrir aumentos de precios estimulados por la actual postura expansiva de la política monetaria.

Ante esa posibilidad, es recomendable que el Banco Central de la República Dominicana ejecute una política monetaria que sea consistente con la estabilidad de precios y, al mantener ancladas las expectativas de inflación, asegure un terreno adecuado para la expansión de las actividades productivas.

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