Azua. – Entre lágrimas y súplicas, Beatriz Céspedes, una mujer de 38 años residente en el distrito municipal Doña Emma Balaguer (Finca 6), clama por ayuda para ser reconocida legalmente ante el Estado.
Sin ningún documento que acredite su existencia, vive atrapada en un limbo legal que le impide acceder a derechos básicos, incluyendo la posibilidad de trabajar, situación que la mantiene en condiciones de extrema vulnerabilidad junto a sus cinco hijos.
Entre sollozos, la mujer relata que nunca resultó declarada al nacer, ya que su madre tampoco contaba con documentos legales, lo que desencadenó una cadena de exclusión que hoy pesa sobre ella como una herencia de olvido.
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“Yo no tengo ni un papel que diga que existo”, expresa con voz entrecortada.
La situación también afecta a sus hijos. Su hija de 14 años, estudiante de segundo de secundaria, podría verse obligada a abandonar la escuela debido a que no cuenta con acta de nacimiento.
Tras la muerte de su pareja, la situación se agravó aún más. Sin cédula de identidad, Céspedes no puede acceder a un empleo formal ni generar ingresos para sostener a su familia, lo que la mantiene sumida en la pobreza y enfrentando múltiples carencias.
Su mayor preocupación es el futuro de su hija, quien, según cuenta, tiene el sueño de superarse y ayudarla.
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Con el corazón oprimido, Beatriz implora la intervención de las autoridades o de cualquier persona que pueda ayudarla a obtener su documentación.
Aunque respira, lucha y vive, para el Estado, sigue siendo una mujer sin identidad legal.