La Catedral Primada de América se llenó de solemnidad este lunes durante la eucaristía en la que monseñor Carlos Tomás Morel Diplán asumió como arzobispo coadjutor de Santo Domingo.
La celebración, presidida por el nuncio apostólico monseñor Piergiorgio Bertoldi, marcó el inicio de una nueva etapa para la Iglesia dominicana, acompañada por la presencia de la vicepresidenta Raquel Peña, el ministro José Ignacio Paliza, representantes del clero nacional y decenas de fieles.

En su homilía, Morel Diplán expresó su compromiso de servir con amor y humildad. «Llego como un pastor con el deseo de animar, fortalecer y consolar a la comunidad que se me ha encomendado junto a monseñor Ozoria», afirmó con serenidad.
Sus palabras fueron recibidas con aplausos, reflejo de la emoción colectiva ante un liderazgo que se define por la cercanía y el diálogo.
Un liderazgo pastoral de escucha y fraternidad
Originario de Moca, ordenado sacerdote en 2000 y obispo desde 2016, Morel Diplán ha desarrollado su ministerio con un estilo pastoral centrado en la gente. Su paso por Santiago de los Caballeros y La Vega dejó huella por su atención a las comunidades rurales y su impulso a la formación del clero joven.
Ahora, su designación como arzobispo coadjutor (con derecho de sucesión) representa una continuidad planificada en la conducción de la Arquidiócesis de Santo Domingo.

«El episcopado no es un honor del que haya que vanagloriarse, sino un servicio», recordó, subrayando su deseo de acompañar con generosidad y gratitud.
La Arquidiócesis, fundada en 1495, es la más antigua del continente americano, y su renovación pasa por desafíos contemporáneos como la participación juvenil, la transparencia institucional y la inclusión social. En ese contexto, Morel Diplán encarna el perfil de un obispo dialogante y cercano al pueblo.