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Esto es lo que suele hacer un dominicano cuando «se saca la loto»: ¿Qué harías tú?

Esto es lo que suele hacer un dominicano cuando se saca la loto ¿Qué harías tú
Esto es lo que suele hacer un dominicano cuando "se saca la loto". FOTO: CDN Digital

Lo primero que suele hacer el dominicano cuando «se saca la loto» es armar un fiestón en el barrio.

El sueño de sacarse la loto ha cruzado por la mente de todos en algún momento. Pero, ¿qué haría un dominicano promedio si de repente le cayeran varios millones?

En este artículo te advertimos que no es precisamente contratar un asesor financiero ni planificar una inversión en bienes raíces. Suelen ser muy pocos los casos y no tan mediáticos como los testimonios que vemos en televisión y redes sociales.

Aquí te contamos con humor cómo la cultura del derroche, la generosidad desbordada y la falta de planificación se apoderarían de esa fortuna que desde que llega a sus manos tiene los días contados: «R.I.P chelitos».

Primero lo primero: la fiesta y el romo

No importa si son las 10 de la mañana de un lunes. Lo primero que suelen hacer muchos dominicanos a los que les besa la suerte es armar un fiestón en el barrio. ¿Y qué no puede faltar en esta celebración? Romo, cerveza y un zancocho gigantesco.

El dominicano es generoso por naturaleza, así que no escatima en invitar a todo el vecindario: “¡Vengan, que hoy se bebe de gratis!”. Es una mezcla de celebración y presentación oficial como “nuevo rico del barrio”.

El fiestón no se queda solo en bebida y comida; ya están llamando al DJ más caro de la zona, alquilando luces y bocinas para montar una discolight en plena calle. Todo el mundo baila, ríe y se da su traguito mientras murmura acerca de lo pobre que era y tacaño.

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La casa de la mamá es sagrada

Quien se gana la loto siempre piensa en algo fundamental: “Hay que comprarle su casita a mami”. Porque si hay algo que caracteriza al dominicano es su devoción por la familia, especialmente por su madre.

La casa que compran es todo menos discreta: en el mejor sector que puedan pagar, con verja, marquesina doble y un letrero de “Dios bendiga este hogar”. Aunque la mamá siempre soñó con algo más sencillo, ahora se tendrá que acostumbrar a vivir en un mini palacio que parece sacado de una telenovela.

Un carro, pero no cualquiera

Luego de resolver lo de la casa, toca el turno del carro. Y aquí no se trata de cualquier vehículo: quiere un carro que se sienta y se vea.

Si es un hombre, optará por una jeepeta que cueste casi lo mismo que una casa. Si es mujer, probablemente elija un carro compacto de lujo, siempre y cuando esté lleno de detalles llamativos. La idea es clara: el vehículo no es solo un medio de transporte, es un símbolo de estatus que grita: “¡Mírenme, tengo dinero!”

Chivos, caballos, fincas, zapatos y pelucas

Algo curioso del dominicano es que, en cuanto tiene dinero, empieza a soñar con tener animales. “¿Por qué no comprar unos chivos, caballos, gallos o un par de vacas?”, se pregunta con una lógica que solo él entiende.

No importa si vive en la ciudad o si no tiene dónde meterlos; es algo cultural y va con la idea de comprar su finca.

En el caso de las mujeres, los animales quedan en segundo plano. Aquí el gasto se enfoca en zapatos y carteras. “Si soy rica, tengo que parecerlo”, dicen mientras llenan el clóset con docenas de tacones que algunas no saben usar. No olvidemos las uñas, operaciones, pelucas y extensiones de pelo (casi siempre rubias).

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Generosidad descontrolada del dominicano que «se saca la loto»

El dominicano no puede guardar el dinero solo para él. La necesidad de muchos de romper ojos es mayor que el raciocinio. Ahí es cuando empiezan los regalos a familiares, amigos y conocidos. Paga deudas ajenas, regala electrodomésticos y hasta resuelve problemas que nadie le pidió solucionar.

Es una mezcla de buena intención y una necesidad de demostrar que ahora es “alguien grande”.

Con tanta fiesta, regalos y derroche, hay algo que el dominicano olvida: el dinero no es infinito. Para algunas personas, planificar no es parte de su ADN, y ahorrar suena como algo aburrido. Entonces, después de meses, y con un poco de suerte, años, de lujo y abundancia, la cuenta empieza a bajar, y ahí es cuando aparece el pánico. Pero el dominicano, con su actitud positiva, siempre encuentra una solución: “Si Dios me dio una vez, me da otra”.

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