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Entre tacones, «trapos» y lentejuelas: Controversia por ropa donada para ayudar a Venezuela

Antes de donar, hazte esta pregunta: ¿Yo usaría este artículo si estuviera atravesando una situación como esa?

Entre tacones, trapos y lentejuelas Controversia por ropa donada para ayudar a Venezuela
Donaciones para Venezuela generan debate sobre la dignidad de las víctimas. FOTO: CDN Digital

Santo Domingo, RD.- La solidaridad que ha despertado la tragedia provocada por los recientes terremotos en Venezuela, donde miles de personas han fallecido y muchas más permanecen heridas o han perdido sus hogares, ha estado acompañada de una controversia en las redes sociales sobre el estado de las donaciones destinadas a los damnificados.

En los últimos días, voluntarios de centros de acopio en República Dominicana y otros países han compartido videos mostrando parte de la ropa recibida: prendas rotas, sucias, con mal olor, manchadas, ropa interior usada, tacones, vestidos de fiesta con lentejuelas, cortinas y otros artículos que, según explican, no responden a las necesidades de quienes hoy intentan reconstruir sus vidas en medio de la tragedia.

Opiniones divididas

Las imágenes han dividido opiniones. Mientras unos consideran que toda ayuda debe agradecerse porque nace de la buena voluntad, otros sostienen que una donación no debe convertirse en una forma de deshacerse de aquello que ya no sirve.

Para los organizadores, el problema no está en recibir ropa usada, sino prendas que ninguna persona utilizaría en condiciones normales.

Además del impacto en la dignidad de los afectados, los voluntarios advierten que clasificar y descartar este tipo de artículos consume tiempo que podría emplearse en otras tareas de la misión humanitaria.

También representa un gasto adicional en transporte, ya que cada caja o contenedor ocupado con objetos inservibles resta espacio para alimentos, medicamentos y otros insumos realmente necesarios.

Los organizadores recuerdan que donar implica pensar en las necesidades reales de quien recibe. Ropa limpia y en buen estado, alimentos no perecederos, productos de higiene personal, medicamentos autorizados y artículos de primeros auxilios suelen ser las prioridades en este tipo de emergencias.

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¿Qué sí se debe donar?

Las organizaciones humanitarias recomiendan priorizar artículos que respondan a las necesidades básicas de quienes lo han perdido todo.

Entre ellos figuran alimentos no perecederos como arroz, pasta, avena, habichuelas, leche en polvo, alimentos enlatados, galletas nutritivas. También barras energéticas, agua embotellada y alimentos para bebés, como fórmula infantil y compotas.

También son de gran utilidad los productos de higiene personal. Entre ellos, jabón, pasta y cepillos dentales, papel higiénico, toallas sanitarias, pañales para niños y adultos. Así como artículos de primeros auxilios, incluyendo gasas, vendas, alcohol, antisépticos y medicamentos sellados y vigentes.

En cuanto a la ropa, debe entregarse limpia, seca, en buen estado y apta para el uso diario, junto con zapatos cómodos.

Dependiendo del tipo de emergencia, también pueden solicitarse cobijas, sábanas, colchones, carpas, linternas, pilas y extensiones eléctricas. De igual modo, sillas de ruedas, herramientas para labores de rescate e incluso alimento para mascotas o insumos especializados. Todo siempre que así lo requieran y comuniquen las autoridades o los organismos de socorro.

¿Qué no se debe donar?

Los centros de acopio insisten en que una donación no debe convertirse en una forma de deshacerse de objetos que ya no sirven. Por ello, recomiendan no enviar ropa rota, sucia, manchada, húmeda o con mal olor. Tampoco ropa interior usada, zapatos deteriorados, tacones altos, vestidos de fiesta, prendas con lentejuelas o ropa poco práctica para afrontar una emergencia.

Tampoco deben incluirse cortinas, manteles, disfraces, cosméticos usados, alimentos vencidos o abiertos, medicamentos caducados o sin identificar, ni artículos averiados o incompletos.

Este tipo de objetos no solo resulta inútil para las personas afectadas, sino que obliga a los voluntarios a invertir tiempo en clasificarlos y desecharlos, además de ocupar espacio en aviones y embarcaciones destinados al transporte de ayuda verdaderamente necesaria.

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