La calle Mauricio Báez está en el corazón de Villa Juana, uno de los barrios más simbólicos del Distrito Nacional.
La calle atraviesa el barrio de oeste a este, conectando con la avenida Máximo Gómez en uno de sus extremos y entrando a la zona dura del comercio de repuestos, talleres y rodamientos que define la identidad económica de Villa Juana.
A lo largo de la calle se levantan algunos de los puntos más representativos del sector: el Club Deportivo y Cultural Mauricio Báez, fundado en 1963 y considerado el alma del barrio; el Centro Cultural Mauricio Báez; el Liceo Mauricio Báez; y la obra salesiana del Sagrado Corazón de Jesús, en Mauricio Báez esquina Moca. La calle también da nombre a una de las estaciones de la Línea 2 del Metro de Santo Domingo, inaugurada el 1 de abril de 2013.
La histórica huelga azucarera de 1946
Pero detrás del nombre hay una historia que muchos desconocen. Mauricio Báez de los Santos nació el 23 de septiembre de 1910 en Sabana Grande de Palenque, San Cristóbal. Hijo de campesinos y jornaleros, se trasladó muy joven a San Pedro de Macorís, donde trabajó como bodeguero en los bateyes y luego como muellero en el puerto. En la década de 1930 empezó a organizar sindicatos en los ingenios azucareros del Este. Llegó a articular más de treinta gremios en la provincia.
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Su gran momento llegó el 7 de enero de 1946. En esa fecha lideró la histórica huelga azucarera de San Pedro de Macorís y La Romana, exigiendo aumentos salariales y la jornada de ocho horas. Es considerada la huelga obrera más importante de la era de Trujillo. La dictadura cedió en lo económico, pero después desató una ola represiva contra los líderes sindicales. Báez se asiló en la embajada de México y partió al exilio en Cuba.
La persecución a Mauricio Báez durante la dictadura de Trujillo
El 10 de diciembre de 1950 fue secuestrado en su pensión de la calle Cervantes número 8, en el Reparto Sevillano. Según informes de la Policía cubana desclasificados décadas después, fue ahorcado esa misma noche en una finca de Arroyo Arenas por sicarios al servicio de Trujillo. Tenía 40 años. Su cuerpo nunca apareció.
Por eso esta calle se llama Mauricio Báez. Por el dirigente sindical más importante del siglo XX dominicano. Un hombre que organizó a los trabajadores de la caña, enfrentó a una dictadura y pagó por ello con su vida.
Hoy su nombre vive en la calle, en el club, en el centro cultural, en el liceo y en la estación del Metro que, sin saberlo o sabiéndolo, lo recuerda todos los días.