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El celo de los perros y todo lo que debes saber

Una de las preguntas más recurrentes de los tutores cuando visitan un consultorio veterinario tiene que ver con la reproducción de sus animales de compañía, ya que al respecto existen muchos mitos y mucho desconocimiento.

Si bien esta es una etapa normal de la vida de los perros, conviene estar informado para detectar los cambios fisiológicos y de comportamiento para evitar situaciones embarazosas.

Un tutor responsable, cuidadoso y dedicado debe conocer todo o la gran mayoría de su mascota. Esto incluye también los comportamientos reproductivos.

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El desconocimiento de cosas claves en este aspecto puede desencadenar complicaciones, incomodidades, sorpresas no tan deseables y, sobre todo, reproducción no deseada de los animales, que finalmente se transformarán en problemas más graves como abandono y maltrato.

¿Qué es el celo?

El celo corresponde a una etapa del ciclo reproductivo de las hembras caninas y felinas en el que, por efecto de las hormonas, se presentan cambios físicos y comportamentales. Dichos cambios, además de alertar a los machos, preparan el organismo de las hembras y las hacen más receptivas a reproducirse.

Usualmente se dan dos celos al año, con una media de entre seis y ocho meses entre cada uno. Esta frecuencia puede variar entre individuos y también entre razas, ya que existen algunos perros como el Basenji que solo presentan un celo por año.

La duración también se puede ver afectada por factores internos, aunque regularmente oscila entre quince y dieciocho días. En hembras adultas (mayores de siete años) o con mala nutrición, la duración puede ser mayor duración.

¿Cómo se manifiesta?

Es importante prestarle atención a cualquier cambio de comportamiento o físico para poder detectar la llegada del celo con prontitud. Los signos más característicos y notorios son:

– Los animales están más activos, inquietos y juguetones.

– Algunas mascotas pueden estar decaídas, deprimidas y no tener apetito.

– En algunas ocasiones se muestran más cariñosos y demandan mucha más atención.

– Los órganos sexuales se pueden ver inflamados y oscuros, y, además, los animales se lamen más frecuentemente.

– Aumenta la frecuencia de la eliminación de orina.

– Si bien los tutores pueden detectar sangrado, este no es tan frecuente debido a la extremada higiene de las hembras o a que los cambios hormonales solo producen inflamación de los órganos reproductores.

– Las hembras son mucho más receptivas con los machos, y ellos la cortejarán más intensamente.

– Si la hembra comparte el territorio con otras hembras, se pueden mostrar más agresivas o territoriales.

– Aquí vale la pena mencionar que los signos de celo son más evidentes e intensos en las primeras veces y van disminuyendo en intensidad conforme se hacen más adultas.

¿Qué cuidados tener?

La recomendación más importante, si no se quiere que la mascota se reproduzca, es esterilizarla a tiempo, de esta forma se evitarán embarazos no deseados, signos de celo y también otros problemas de salud como enfermedades del tracto reproductor o aparición de cáncer. Durante la época del celo se deberá:

– Brindarle mucha atención, cariño, afecto y también darle un premio o snack de vez en cuando.

– Hacer más actividad física.

– Brindar espacios tranquilos y seguros para propiciar la relajación. La música, esencias florales y los masajes pueden ayudar.

– Evitar admiradores: a través del olfato, los machos pueden detectar muy fácilmente a una hembra en celo. Por eso es necesario mantener cerradas puertas y ventanas, pasear a la hembra siempre con collar o traílla y vigilar de cerca los juegos con otros perros.

– Mantener a la mascota limpia para evitar olores que puedan atraer otros perros; limpiar muy bien las áreas de la casa donde ella pueda permanecer.

– Hacer chequeos frecuentes con el médico veterinario para detectar a tiempo posibles embarazos producto de descuidos o accidentes. La época de mayor fertilidad se da entre los dos y los seis años de vida.

– Si los intervalos entre celo y celo son menores (cada tres o cuatro meses), o no se ha presentado el primer celo pasado el año y medio de vida, es necesario consultar con el médico veterinario.

Fuente: El Tiempo

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