El endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo afectaría a la República Dominicana. La inflación interanual dominicana se colocó en un 5.11% en abril de 2026, por encima del límite superior del rango meta. Ese comportamiento de los precios refleja localmente el mismo choque energético y geopolítico que complica el trabajo de Kevin Warsh y de Christine Lagarde. La diferencia es que la Fed y el Banco Central Europeo enfrentan ese choque con una orientación clara (mantener o subir las tasas), mientras que el Banco Central de la República Dominicana llega a esta coyuntura tras emitir señales contradictorias, consideradas ruidos monetarios, que erosionan su credibilidad.
A finales de abril, el Banco Central mantuvo su tasa de política monetaria en un 5.25% y dejó abierta la posibilidad de una postura restrictiva si las circunstancias lo requerían. Pocas semanas después, aplazó hasta enero de 2027 el reintegro de unos 46 mil millones de pesos correspondientes a la Facilidad de Liquidez Rápida, con el argumento de preservar condiciones «adecuadas» en el sistema financiero.
El resultado es un banco central que advierte sobre inflación con una mano y, al mismo tiempo, sostiene la liquidez con la otra para evitar el aumento de las tasas de interés. Esa contradicción tiene un costo que los mercados no tardan en cobrar porque las expectativas de inflación podrían desanclarse.
Elevar la tasa de interés de referencia y endurecer de manera consistente las condiciones de liquidez para preservar el anclaje de las expectativas tendría costos sobre la actividad económica. Sin embargo, no hacerlo, con la inflación fuera del rango meta y presiones externas que apuntan hacia mayores tasas de interés, supondría un ruido distorsionador cuando el mercado lo que necesita son señales claras y consistentes.