En una reciente conversación con un experto en economía internacional, llegamos a la conclusión de que, en términos generales, el Banco Central subestima la magnitud estructural y multisectorial del choque global. En su análisis sobre el impacto de la guerra de Medio Oriente sobre la economía dominicana, debe tomar en cuenta no solo el sector petrolero, sino el del gas natural, el sector de alimentos y el de semiconductores.
Es importante resaltar que los efectos de estos dos últimos canales aún están por reflejarse en la data por la naturaleza rezagada del impacto del choque en el sector alimentos y bienes provenientes del mecanismo de precios y oferta ligados a fertilizantes y semiconductores como bienes intermedios en la manufactura de bienes finales.
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El sector de semiconductores se verá impactado por vía de la irrupción en oferta de helio desde Catar. A diferencia del petróleo, el helio posee sustitutos extremadamente limitados en aplicaciones industriales críticas.
Asimismo, el Golfo concentra una parte muy significativa de las exportaciones globales de urea, amoníaco y derivados petroquímicos. Una interrupción prolongada de esos flujos podría traducirse en inflación agrícola global persistente, afectando costos de alimentos y fertilizantes mucho después de que los precios del petróleo comiencen a moderarse. Ello implica un riesgo estanflacionario a tomar en cuenta.
Por otro lado, el Banco Central debe tomar en consideración que la crisis del Golfo podría afectar los ingresos de divisas por concepto de remesas, inversión extranjera y turismo. Respecto al comportamiento de las remesas, hay que incluir en el análisis el efecto transitorio que tuvieron sobre ese flujo los reembolsos impositivos del gobierno federal, fruto del One Big Beautiful Bill.
Finalmente, un aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo obligará al Banco Central a subir las tasas de interés si es que desea mantener la estabilidad macroeconómica.