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Personas con discapacidad entran el mundo laboral y el emprendimiento

En República Dominicana el acceso al empleo para miles de personas con discapacidad continúa siendo un desafío, sobre todo el hecho de promover la independencia económica y la inclusión social.

Entre limitaciones estructurales y falta de oportunidades, surgen historias que evidencian caminos posibles hacia la autonomía económica. Desde hace 15 años, el Centro de Masajes Relax opera como una fuente de ingresos para la Asociación de Ciegos del Cibao.

Allí, personas con discapacidad visual se desempeñan como masajistas profesionales, en un modelo que combina servicio, capacitación y generación de recursos. Más que una iniciativa social, se trata de un emprendimiento que promueve independencia económica y sostenibilidad para sus miembros.

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Formación de las personas con discapacidad

Desde la institución, la formación constante es parte esencial del proceso, fortaleciendo habilidades y garantizando la calidad del servicio ofrecido y la formación constante.

En otro punto de la ciudad, la historia de Tito refleja una realidad distinta, pero igual de significativa.

Su trabajo como reparador de neumáticos representa una vía de sustento construida con esfuerzo y determinación. Desde su silla de ruedas, desempeña sus funciones diariamente, apostando a la independencia y al valor del trabajo digno.

Según el X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, en el país más de 478 mil personas de cinco años o más viven con alguna discapacidad, lo que representa el 4.8 % de la población.

Este grupo enfrenta importantes brechas en acceso a educación y empleo, lo que limita sus oportunidades de desarrollo económico.

Aunque desde el ámbito gubernamental se plantean iniciativas para fomentar una mayor inclusión, persisten retos que requieren acciones sostenidas y oportunidades reales.

Tanto el emprendimiento como el acceso al empleo digno se posicionan como herramientas clave para la inclusión.

Experiencias como estas demuestran que, más allá de una condición, existen capacidades y talento de aportar activamente a la sociedad.

Historias que evidencian que la inclusión no solo es un reto pendiente, sino una oportunidad de desarrollo cuando se apuesta por la autonomía, la formación y el trabajo.

En Santiago, estas iniciativas y esfuerzos individuales confirman que avanzar hacia una sociedad más inclusiva también es construir un país más productivo.

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