En Hato Mayor, reside doña Dulce Octavia Morillo, no solo reconocida por ser la pionera en la producción de vinos de cacao y dulces artesanales en esa localidad. Sino además por ser un referente en la creación de asociaciones de productores de vinos y una maestra de generaciones.
Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban en el progreso de un pueblo. Cuando se tenga que escribir la verdadera historia de Hato Mayor, habrá necesariamente que dedicarle un capítulo completo a Dulce Morillo de Amparo. Aunque sus raíces están en Las Matas de Farfán, su corazón y su obra pertenecen a esta tierra. A la que llegó en la década de los 70 para transformarla desde el surco y el caldero.
“Bueno, en realidad mi vida ha sido trabajar, y trabajar con las comunidades. Yo soy del primer grupo nacional de extensión agrícola de la República Dominicana. He trabajado con agrupaciones campesinas, especialmente en Elías Piña, en las Matas de Farfán, aquí en Guayabo Dulce, en Baní. O sea, he trabajado en muchísimas partes. También trabajé para Salud Pública en el departamento de nutrición, como nutricionista que soy. Y esa ha sido mi vida, trabajar y orientar a la mujer que pide que le ayude para producir, para hacer cualquier actividad para su familia”, dijo la maestra retirada.
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Doña Dulce no solo trajo consigo su equipaje personal; trajo una visión de desarrollo que la provincia no conocía. Con una formación académica que trascendió las fronteras dominicanas, estudiando técnicas de vanguardia fuera del país. Se convirtió en la pionera absoluta en la enseñanza de la elaboración de vinos y dulces artesanales.
“Bueno, y usted dice importante y no lo sabe, porque yo sí lo puedo decir. Yo sí se lo puedo decir, porque esa mamasota mía ella no sabe que está en el lugar que yo la tengo, porque tanto que le agradezco. Mire, yo soy hoy lo que soy por ella. Por ella iba a hacer algo para mostrarle, pero fue muy rápido. Ya le iba a traer unos polvorones ahí para que mirara a probar. Pero mire, de verdad que esa señora es valiosa, ha sido valiosa. Yo la valoro, usted no se imagina cuánto, porque ella dedicó su vida a enseñar”, señaló su hija.
Su impacto es visible en cada rincón productivo:
- Fundadora visionaria: Creó la Asociación San Antonio de Padua en Guayabo Dulce.
- Impulsora industrial: Estableció la Asociación de Mujeres Productoras de Vinos de Cacao en Vicentillo, una iniciativa que hoy es referente nacional de emprendimiento rural.
- Maestra de Generaciones: A través de su propia escuela técnico-vocacional, ha graduado a cientos de mujeres en repostería, corte y confección, cocina y floristería. Dándoles el «título» más importante de todos: la independencia económica.
“Entendido que no se le ha tomado en cuenta, porque ella ha dado muchos cursos de cocina, de repostería, y tiene aproximadamente ochenta y pico mujeres que aprendieron de ella, han aprendido muchas personas de repostería, tanto de cocina, y como le digo, que me he encontrado que para la trayectoria que mi mamá ha tenido sirviéndole al país, la han tomado muy poco en cuenta con el asunto de su pensión”, destacó su hijo.
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Sin embargo, a «esta altura del juego», la realidad de este ícono de la laboriosidad contrasta amargamente con sus logros. Resulta incomprensible que una mujer con su trayectoria, que ha dedicado casi cinco décadas al servicio público y comunitario, se encuentre hoy en una situación de vulnerabilidad institucional.
A pesar de su actual labor en el Departamento de Nutrición de la Provincial de Salud y su constante presencia educativa en medios de comunicación como Caribe 95.5 FM, en la agricultura y en la enseñanza. Doña Dulce necesita con urgencia una pensión digna que reconozca sus años de entrega y su alta preparación académica.
“Bueno, fíjate, de las autoridades yo te diría que ahora mismo no se me ha tomado en cuenta. Ahora tengo mi primera pensión de ocho mil ochocientos pesos solamente. He luchado para que se me suba por lo menos los años que pasé en salud pública y no ha habido forma. Esa es mi pensión. Cuando veo que mucha gente, yo tengo un gasto de casi 80 mil pesos mensuales en medicamentos”, destacó.
Es el momento de que las autoridades provinciales, el Ministerio de Salud y la Presidencia de la República miren hacia esta mujer que lo dio todo cuando la provincia más lo necesitaba.
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Por: Honatan Caraballo