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El petróleo arremete de nuevo | Jaime Aristy Escuder

La tensión en el Medio Oriente vuelve a indicar que, en el mercado energético global, las rutas marítimas son tan determinantes como los pozos de petróleo. La ruta del estrecho de Bab al‑Mandab, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico, es amenazada por los ataques de los rebeldes hutíes, cuyo desenlace sería un golpe directo a la disponibilidad global de crudo. Frente a esa posibilidad, el presidente Trump amenazó con destruir infraestructura crítica iraní.

Arabia Saudita envía alrededor de 5 millones de barriles diarios de combustibles crudos y refinados desde el puerto de Yanbu en el mar Rojo hacia Asia, y la mitad de ese flujo depende del estrecho ahora en riesgo. Los ataques a los supertanqueros Encelia y Layla elevaron el precio del Brent por encima de los 100 dólares y obligaron a los barcos a virar hacia el norte, buscando el canal de Suez como ruta alternativa. Ese desvío añade cuatro semanas al trayecto y un costo adicional de 1.6 millones de dólares en combustible por supertanquero.

La consecuencia inmediata es un mercado nervioso, con analistas advirtiendo que un cierre sostenido podría empujar la producción saudí por debajo de 6 millones de barriles diarios, la mitad de su capacidad.

El mercado bursátil reaccionó a la baja. El índice Dow retrocedió 1%, el S&P 500 disminuyó 1.2% y el Nasdaq cayó 2.2%. Mientras, la tasa de rendimiento de las Notas del Tesoro a 10 años subió a un 4.7%, el mayor nivel en un año.

Para países importadores netos de combustibles, como la República Dominicana, la escalada del precio del petróleo significa un deterioro de las cuentas externas y de las finanzas públicas, un resultado que dificulta el trabajo de las autoridades para mantener la estabilidad macroeconómica.

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