Santo Domingo, R.D. – El dolor que dejó el desplome del techo en la discoteca Jet Set en Santo Domingo no es un hecho aislado. La historia dominicana y mundial ha sido sacudida por tragedias similares causadas por negligencia estructural. Estos eventos, cargados de pérdidas humanas y fallas institucionales, sirven como duras lecciones sobre las consecuencias de ignorar advertencias técnicas, malas prácticas constructivas y omisiones regulatorias.
En noviembre de 2023, el país se estremeció con el colapso de la rampa del paso a desnivel de la avenida 27 de Febrero con Máximo Gómez, que provocó la muerte de nueve personas, incluyendo ciudadanos haitianos y estadounidenses. A pesar de denuncias desde 1999 sobre defectos en su construcción, las autoridades no tomaron acciones preventivas. La estructura fue demolida y reconstruida tras el trágico incidente.
Meses antes, el 18 de enero de 2023, un edificio colapsó en La Vega durante una remodelación ilegal. La estructura albergaba una mueblería y el desplome mató a Yasiris Joaquín de Jesús, dejando también cinco heridos. Se comprobó que se había retirado una columna sin autorización ni supervisión técnica.
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Tragedias internacionales
A nivel internacional, el caso más emblemático es el colapso del edificio Rana Plaza en Bangladesh, ocurrido el 24 de abril de 2013. Con más de 1,100 muertos y 2,500 heridos, fue uno de los peores desastres industriales del siglo XXI. La tragedia ocurrió tras ignorar grietas visibles en el edificio, lo que expuso una red de negligencia que involucraba a empresas textiles y autoridades.
Diez años antes, Corea del Sur vivió la catástrofe del Sampoong Department Store. Este centro comercial colapsó el 29 de junio de 1995 por modificaciones estructurales no autorizadas, matando a 502 personas e hiriendo a más de 1,400. Las sentencias contra sus responsables marcaron un antes y un después en la regulación de edificaciones en ese país.
Malasia también enfrenta su propio capítulo oscuro con el caso de Highland Towers, un complejo residencial que colapsó en 1993, dejando 48 muertos. Factores como construcción deficiente, drenaje deficiente y falta de mantenimiento fueron señalados como responsables.
Más atrás en la historia, el colapso de Pemberton Mill en Massachusetts en 1860 mató a 145 personas. Aunque fue atribuido a materiales de baja calidad, no se presentaron cargos penales, lo que generó polémica sobre la impunidad en desastres corporativos.
Estos casos evidencian un patrón: omisión de advertencias, corrupción, intereses económicos por encima de la seguridad y falta de supervisión estatal. El precio, siempre, lo pagan las víctimas. En República Dominicana, aún se clama justicia por Jet Set, pero el eco de tragedias pasadas exige que, esta vez, las lecciones no se ignoren.