Estilos de vida

Antonella Gularte, la educadora digital que enseña a las mujeres a decidir antes de emprender

Hay una conversación que Antonella Gularte reconoce antes de que termine la primera frase. Una mujer con una idea clara, con horas de investigación encima, con ganas reales, que, sin embargo, sigue sin moverse. No le falta información. Le falta algo más difícil de nombrar, y Anto lo sabe porque ella misma estuvo ahí antes de entender qué estaba pasando.

Empezó desde cero. Sin red, sin capital, sin nadie cerca que hubiera recorrido ese camino antes. La creadora de contenido argentina construyó su proyecto a fuerza de probar y equivocarse, en un momento en que el emprendimiento digital femenino en América Latina todavía no tenía el idioma que tiene hoy. Lo que encontró en ese proceso no fue solo un modelo de negocio. Fue una pregunta que no se hace sola: ¿qué le impide a una mujer decidir, aunque ya sepa exactamente qué hacer? «A las mujeres se nos enseñó a sobrevivir, no a ser dueñas», dice Anto, y en esa frase cabe buena parte de lo que vio en esos primeros años, mirando a su alrededor.

El primer paso que nadie da

Lo que Antonella Gularte observó no era falta de talento ni de preparación. Eran mujeres capaces, trabajadoras, con ideas que tenían sentido, que aun así hablaban de sus proyectos como si todavía estuvieran pidiendo permiso para tenerlos. «Veía mujeres con muchísima capacidad atrapadas en trabajos que no les alcanzaban, pidiendo permiso para todo: para descansar, para gastar, para soñar más grande», dice. Y cuando intentaban dar el paso, lo que encontraban del otro lado eran promesas vacías, herramientas sueltas, acompañamiento que duraba hasta que terminaba el curso y no un día más.

El Global Entrepreneurship Monitor 2024/2025 documenta que las mujeres emprendedoras tienden a iniciar con niveles más bajos de capital y a depender más de recursos propios, y que la brecha en acceso a financiamiento se amplía especialmente en las fases de crecimiento. Los datos confirman lo que Anto fue viendo de cerca: el obstáculo que más pesa casi nunca es externo. Es anterior a cualquier estrategia.

Una lógica que se ordena al revés

Lo que propone invierte el orden habitual. La mayoría de los programas arrancan por las tácticas y terminan topándose con un muro que ninguna táctica puede derribar sola: el de lo que alguien cree que merece. Antonella Gularte llegó a esa conclusión desde el error propio, desde haber construido sin preguntarse primero qué quería sostener y a qué costo. «El techo de una mujer casi nunca es la estrategia: es lo que cree que merece», dice, y esa frase resume años de ver repetirse el mismo patrón en comunidades donde el talento sobra y la confianza falta.

Sin trabajo interno, dice Anto, la mejor estrategia se cae. Querer hacerlo todo sola no es compromiso: es una forma de agotar el proyecto antes de que crezca. Y medir el progreso solo en dinero es la forma más segura de perderse lo que realmente está cambiando. Esos tres aprendizajes, salidos de los tropiezos más costosos de sus primeros tiempos, son hoy el centro desde donde trabaja.

El indicador que no aparece en ningún reporte

¿Cómo se mide si algo funcionó? Antonella Gularte tiene una respuesta que no encaja en ninguna planilla. El día que una mujer toma una decisión sin pedir permiso. Cuando deja de consultar si puede, cuando elige su tiempo, cuando se planta frente a algo que antes la paralizaba. Ese momento, dice, es el verdadero punto de inflexión. El dinero llega después, y es importante, pero es consecuencia. Lo que cambia antes es más difícil de mostrar y más difícil de olvidar.

«El verdadero progreso es pasar del modo supervivencia, donde reaccionas a lo que te toca, a ser dueña, donde decidís», dice Anto. En América Latina, donde una de cada tres mujeres desea emprender, pero choca contra barreras que no siempre tienen nombre, esa distinción no es filosofía. Es lo más concreto que Antonella Gularte encontró después de años buscando por dónde se rompe el ciclo.

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