La actual gestión en el Ministerio de Obras Públicas es aceptable, pudiera decirse hasta buena, aunque no quiero sonar como un alcahuete de funcionario alguno, pero hay una sombra que empaña esos logros.
Me enfocaré a la situación de las vías: construcción de carreteras, mantenimiento de las mismas, trabajo de alcantarillado en calles, la creación de la Asistencia Vial, entre otras, son parte de los aciertos. Mientras que la boca de lobo en que se convierten las autopistas de país al caer la tarde es un problema que empaña la buena labor.
Quién le escribe es un ser nocturno, no por naturaleza, tal vez por obligación o necesidad, pero me gusta. Por esa razón conozco del constante apagón en que viven las referidas vías terrestres.
Para la instalación de un sistema de alumbrado público en las autopistas no tengo idea de cuánto dinero se puede invertir, sin embargo, garantizar la visibilidad, la seguridad, y hasta la vida de los que transitan en horas de la noche es una responsabilidad de las autoridades.
Todas las noches hago el trayecto Santo Domingo-Villa Altagracia y ciertamente luego de pasar el kilometro 28 de la Autopista Duarte eso espanta al más valiente por la falta de bombillas y ese mismo panorama también se presenta en las autopistas Sánchez, 6 de Noviembre, y las Américas, en menor proporción.
Al Ministerio de Obras Públicas, donde se habla de muchos proyectos y planes, sería bueno que este oscuro problema lo coloquen en carpeta para solucionado y así evitar que «tantas luces» se vean apagadas por desatender una responsabilidad.