Pensándolo bién

La manigua de la comunicación

La manigua de la comunicación
La manigua de la comunicación

Que la semana iniciara con un desmentido de la embajada de los Estados Unidos a una información puesta a circular a través de las redes sociales por un blog de escasa lectoría es una muestra de lo lejos que se ha llegado en el intento de confundir a la opinión pública dominicana.

Pareciera un ejercicio absurdo desde la óptica de la comunicación pública, aunque evidentemente no lo es.

Un día después de ser publicada la nota había recibido 656 post en Facebook y 53 twets. El Blog registraba dos entradas plenas que creo las hizo quien escribe este comentario y aun en esa indigencia lectora motivó una reacción por la misma vía que la hizo trascender.

Es obvio que la gestión del embajador Brewster no es la más popular en este país donde ha habido procónsules que le han salido muy caros al sistema democrático que no fueron rechazados por nadie.

Algunos olvidan que en la política norteamericana no hay accidentes de discurso y que la agenda de un embajador es siempre la de la Casa Blanca.

República Dominicana llega tarde a todo, Bosch decía que eso era “arritmia histórica”.

Quizá por eso el vocinglerío pro oficialista confunde o intenta confundir a los legos con una combinación de siglas, fuentes y faltas de ortografía.

Citar fuentes del FBI, DEA y mezclar el departamento del tesoro con la política exterior de los Estados Unidos solo refleja la teoría de la manigua judicial dominicana según la cual el artículo más grande de un código se come al más chiquito.

Otra posibilidad es que hayamos regresado a esa perspectiva insular propia del aislamiento trujillista que le atribuía al “ilustre jefe” desde la salida del sol hasta el parto feliz de una marrana.

La misión del embajador Brewster está llegando a su fin. De hecho la semana pasada acudimos a la bienvenida de dos agregados que son parte de una renovación. Dentro de unos meses se va el embajador y cuatro o cinco funcionarios de la embajada norteamericana serán relevados porque le toca.

No será la presión de un ilustre bloguero o twittero, tampoco el descontento de un gobierno de un inmenso país de 48 mil kilómetros cuadrados con un ejército  paritario entre soldados y oficiales.

Brewster se va pero no cambia la agenda del partido demócrata que parece se queda en el poder. Esa agenda incluye derechos humanos (entre ellos los de la minoría LGBT), lucha contra la corrupción y revisión de la política contra las drogas.

Ninguno de esos temas corresponde con la agenda local.

Llámese como se llame quien represente a la administración demócrata tendremos que oír hablar de eso o romper relaciones con el coloso del norte.

República Dominicana seguirá llegando tarde para beneficio de una minoría que no acaba de entender que no se pueda luchar contra el futuro.

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