La criminalidad desborda el mundo imaginario

El costo de la criminalidad es enorme

La ola de criminalidad que azota al pueblo dominicano desborda el mundo imaginario que ha creado el gobierno de Luis Abinader.

A diferencia del impacto de una obra o reforma imaginaria, es decir, que no existe en el mundo real, sino sólo en la imaginación de las personas producto de la propaganda gubernamental.

La seguridad ciudadana imaginaria, que significa ausencia de seguridad verdadera, afecta negativamente a la población.

El costo de la criminalidad es enorme. Las zonas afectadas por la falta de seguridad ciudadana se deterioran económicamente.

Cae el empleo, se reduce el ingreso per cápita y se desploman los precios de las viviendas, creando un círculo vicioso en contra del bienestar de la gente.

La seguridad ciudadana real se manifiesta en un entorno de convivencia pacífica de la sociedad, que permite a la población disfrutar adecuadamente de los espacios públicos.

Y además, sentirse segura dentro de sus viviendas y lugares de trabajo.

Hay dos formas para reducir la criminalidad.

Primero, mejorando la capacidad del crecimiento económico de crear empleos para todos los segmentos de la población, en particular para los grupos de jóvenes pobres y vulnerables.

Y, segundo, tal como sugiere Steven Levitt, profesor de la Universidad de Chicago, elevando la eficiencia de la policía para prevenir y detener los crímenes, mediante una mejora de su remuneración, entrenamiento y uso de tecnologías avanzadas.

El gobierno de Luis Abinader anunció a finales de marzo de 2021 un programa de seguridad basado en el desarme de la población mediante la compra de armas.

El 12 de abril escribí un comentario, fundamentando en las enseñanzas del profesor Gary Becker, Premio Nobel de Economía, donde se demostró que la probabilidad de éxito de ese plan de desarme y de enfrentamiento de la delincuencia se acercaba a cero.

Lamentablemente, tuve razón.

La semana pasada el ministro de Interior y Policía, Jesús -Chú- Vásquez, tiró la toalla al afirmar que la policía no tiene recursos para enfrentar la criminalidad.

Esas declaraciones permiten recordar, una vez más, a Freddy Beras Goico, quien hace tiempo se negó a entregar su arma de fuego.

Pues decía que la necesitaba para defenderse en caso de que un delincuente entrase a su vivienda a robar o matarlo.

El pueblo dominicano se merece vivir en comunidades seguras.

Por eso le recomiendo al gobierno que comience a adoptar medidas reales, con recursos económicos y tecnológicos, para quitarle el control de las calles que ahora tienen los delincuentes.

Esto implica que el gobierno debe sacar la lucha contra la criminalidad de su estrategia imaginaria, pues las consecuencias de un robo o un asesinato son penosamente reales.

Por: Jaime Aristy Escuder

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