El encarecimiento del gas natural y del petróleo, junto con el racionamiento de combustibles en Asia y las interrupciones en la cadena de suministros de insumos esenciales (helio, aluminio, urea, fosfatos), presionará al alza los precios de bienes y servicios, y podría desanclar las expectativas de inflación. Ese sería el preludio de una estanflación, un escenario que obligaría a los bancos centrales, como la Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE), a endurecer su postura monetaria.
En Estados Unidos, el mercado da por descontado que la Fed no reducirá durante el 2026 su tasa de referencia, que se mantuvo en la reunión de marzo en el rango del 3.5% al 3.75%. Por el contrario, gana terreno la posibilidad de un aumento con el fin de reforzar el anclaje de las expectativas de inflación. La Nota del Tesoro a dos años —sensible a la política monetaria de corto plazo— subió 61 puntos básicos en marzo y cerró en un 3.81%, mientras que la de diez años —que refleja expectativas de inflación de mediano y largo plazo— aumentó 49 puntos básicos hasta llegar al 4.32%.
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En la eurozona, debido al choque energético que provocó en marzo una subida de la inflación hasta un 2.5% —0.6 puntos porcentuales por encima del mes anterior— y una revisión al alza de dicha tasa a un 2.6% para el año completo, se prevé un endurecimiento de la política monetaria. En particular, el mercado asigna una probabilidad de un 81% a que la tasa de referencia suba en la reunión de abril en 25 puntos básicos hasta un 2.25%, al mismo tiempo se proyecta que antes de que finalice el año la vuelva a subir hasta un 2.5%.