Despierta con CDN

Psiquiatra asegura familias dominicanas han sufrido una «recomposición social no atendida»

Santo Domingo, R.D. – En las últimas dos semanas, la sociedad dominicana ha sido conmocionada por una serie de eventos trágicos relacionados con la familia: cinco infanticidios, dos feminicidios y un caso de un hermano que descuartizó a su hermana. Estos sucesos han puesto en el centro del debate público la salud mental y la estructura familiar en el país.

Según el Dr. José Miguel Gómez, la familia dominicana ha sufrido una recomposición psicosocial en los últimos 30 años que no se ha atendido debidamente. De la tradicional familia nuclear se ha pasado a un panorama donde el 37% de los hogares se han vuelto monoparentales, dirigidos por mujeres, con alta presencia de familias disfuncionales, rotas o reconstruidas.

Esta transformación responde a factores como la migración rural-urbana, la pobreza estructural y la exclusión social. En los sectores marginados, se observa lo que el especialista denomina «indefensión aprendida»: un estado de minusvalía, baja autoestima y desesperanza que lleva a conductas disfuncionales y violentas.

El riesgo psicosocial se normaliza en contextos de exclusión, creando ciclos intergeneracionales de pobreza y violencia. Una adolescente embarazada que abandona la escuela, cuya madre también fue madre adolescente, perpetúa patrones de vulnerabilidad que afectan directamente la salud mental familiar.

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Familias necesitan mejores políticas sociales

El doctor señala que estos problemas son prevenibles mediante políticas sociales efectivas. No se trata solo de intervenciones policiales, sino de estrategias horizontales multifactoriales que mejoren condiciones básicas: acceso a agua, electricidad, vivienda digna, educación y salud.

La solución propuesta es fortalecer la salud mental comunitaria con diagnósticos tempranos y acceso fácil a profesionales en la atención primaria. Se necesitan trabajadores comunitarios, psicólogos sociales y enfermeras que puedan identificar y atender situaciones de riesgo antes de que deriven en tragedias.

Estos casos no son exclusivos de la República Dominicana, sino un fenómeno regional, pero requieren un abordaje integral que rompa los ciclos de violencia y exclusión que afectan a las familias más vulnerables.

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