Thomas Sargent, premio Nobel de Economía en 2011, demostró en diversos estudios teóricos y empíricos que la irresponsabilidad fiscal conduce a financiar el déficit público mediante emisión de dinero. En esa misma línea, destacó que la expectativa de inflación de los agentes económicos aumenta cuando estos perciben que las políticas fiscales y monetarias resultan incompatibles con la estabilidad de precios.
En el ensayo “El fin de cuatro grandes inflaciones”, Sargent analiza episodios hiperinflacionarios en Europa (Alemania, Austria, Hungría y Polonia), ocurridos en los años veinte del siglo pasado. El autor muestra que la estabilidad de precios se restableció después de una reforma institucional que combinó un régimen fiscal capaz de mejorar el valor presente del saldo de las finanzas públicas con la creación de bancos centrales independientes, que eliminaron el financiamiento del déficit con emisión monetaria.
De este lado del Atlántico, también se registraron procesos hiperinflacionarios. Argentina, Bolivia, Brasil y Perú los sufrieron en los años ochenta y comienzos de los noventa. Más recientemente, Venezuela enfrentó aumentos de precios desbordados como consecuencia del colapso fiscal y de la subordinación del banco central a las necesidades de financiamiento del sector público.
La historia dominicana presenta varios episodios de incumplimiento de la restricción presupuestaria. Los presidentes Santana, Báez, Lilís (siglo XIX) y Balaguer (1990) recurrieron a la emisión de billetes para financiar el gasto público, con el consiguiente aumento de precios y el deterioro de las condiciones de vida de la población. En todos los casos, la inflación se contuvo cuando se respetó la restricción presupuestaria en un entorno de independencia del banco central.