Investigación

Biografía criminal: menores al control

Santo Domingo, R.D.- A raíz del reciente caso de Ángel, alias “El Diablón”, un niño de apenas 13 años señalado por las autoridades como cabecilla de una banda delictiva, ha quedado en evidencia una problemática mucho más profunda. Su historia es solo la punta del iceberg de una realidad que involucra a cientos de adolescentes que, cada vez más, se suman al mundo del crimen. Muchos de ellos, pese a su corta edad, ya cuentan con biografía criminal de alto perfil.

Les contaremos la historia de otro adolescente, a quien llamaremos Pedro para proteger su identidad. Él accedió a narrar cómo comenzó su vida delictiva, en un testimonio que revela el camino que lo llevó a dejar atrás la infancia para adentrarse en un mundo de la criminalidad rodeado del peligro, la necesidad y la falta de oportunidades.

Según el testimonio de Pedro: “Hay que hacer la diligencia, porque hoy en día nadie está en nadie. Uno le pide un favor a la gente y lo que hacen es poner mala cara”.

Relata que, todo empezó como un simple juego entre compañeros de escuela. Sin medir las consecuencias, comenzó a sustraer pertenencias de sus amigos. Aquello que inició como una travesura terminó convirtiéndose en un “hobby” que más tarde lo llevaría a liderar una pequeña banda juvenil.

“El adolescente señala que, todo ocurrió cuando él estaba pequeño, asegura que él no sabía y se llevaba los lápices  y los sacapuntas de la escuela y su madre no lo regañaba”.

Conforme su testimonio, la necesidad económica y la falta de orientación lo empujaron aún más hacia al camino de la delincuencia y la criminalidad. Se unió a jóvenes mayores del barrio, quienes le enseñaron a delinquir de manera organizada. A cambio de dinero o protección, realizaba encargos hasta involucrarse en actos más graves. “En mi entorno robar era parte del día a día; nadie hablaba de otra salida”, confiesa.

El caso de “El Diablón”

Una nueva ola de violencia sacude barrios dominicanos en condiciones vulnerables. En el sector de Villa Faro, Santo Domingo Este, los residentes viven en zozobra ante la presencia de bandas delictivas integradas por menores de edad. Uno de los casos más alarmantes es el de Ángel, alias “El Diablón”, de apenas 13 años, señalado como líder de la banda juvenil llamada “El Bloque Z”.

De acuerdo con audiovisuales difundidos en redes sociales, “El Diablón” encabezaba un grupo compuesto por jóvenes apodados Pepillita, Lagrimita, Masita y Yiret, acusados de asaltos, robos de motocicletas y atracos a colmados, cometidos incluso a plena luz del día.
Según la  experta en psicología,  Angie Santana, “Estos menores llegan a delinquir por patrones aprendidos en su ambiente. Buscan en las bandas la validación, la protección y el respeto que no encuentran en su familia ni en la sociedad.”

La psicóloga subraya que los signos de inconducta suelen manifestarse desde edades tempranas, pero los adultos responsables,  familia, escuela, comunidad y Estado no siempre actúan a tiempo. “Los niños dieron señales, pero nadie las atendió”, afirma.

Voces del barrio

En Villa Faro, los residentes afirman que viven atrapados en una realidad marcada por la delincuencia. Recuerdan el violento enfrentamiento ocurrido en 2024 entre bandas rivales que dejaron un muerto y varios heridos. Según denuncias, grupos como Los Campanas y El Bloque Monte controlan sectores de Santo Domingo Este, Los Tamarindos y Cancino, integrados en su mayoría por menores de entre 13 y 17 años.

Estas pandillas no solo cometen robos y asaltos, sino que también participan en la venta de drogas, ajustes de cuentas y control territorial. Videos recientes muestran a jóvenes armados desafiando a las autoridades y presumiendo dinero y armas en redes sociales, una peligrosa muestra de poder y ausencia de control.
Conforme a  la psicóloga Angie Santana  “Cuando un niño de 13 años lidera una banda, hay adultos detrás. Alguien le dio el arma, le enseñó y lo utilizó por su condición de menor. La sociedad tiene una gran cuota de responsabilidad.”

Entre la pobreza y la indiferencia

El equipo de Reporte Especial intentó obtener la versión de la madre de “El Diablón”, la señora Charlyn de los Santos, quien se negó a ofrecer declaraciones, alegando que sus anteriores apariciones solo agravaron la situación de su hijo. No obstante, reconoció que el menor se encuentra bajo custodia de las autoridades y espera que sea enviado a una casa de acogida o centro de corrección donde reciba la ayuda necesaria.

La psicóloga Santana insiste en que el país debe revisar las condiciones de los centros de acogida y programas de rehabilitación para menores infractores. “No se trata solo de encerrarlos, sino de reconstruir su estructura mental y ofrecerles una verdadera oportunidad de reinserción”, advirtió.

Cifras que preocupan

Según la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en 2024 se registraron 5,950 denuncias de robos en República Dominicana, de las cuales 5,371 correspondieron a motocicletas y passolas, representando el 90.27% del total. El Ministerio Público informó que entre enero y marzo de 2023 se recibieron 400 denuncias que involucraban a menores en distintos delitos, desde robos simples hasta atracos violentos.

El desafío pendiente

La delincuencia juvenil no solo amenaza la seguridad ciudadana, también erosiona el tejido social. En muchos barrios, los negocios cierran temprano, los vecinos desconfían unos de otros y los niños crecen viendo la violencia como un modelo de éxito.
Desde el punto de vista de la psicóloga entiende que,  “Si en el barrio se aplaude tener, no importa cómo se obtiene. Los niños imitan lo que ven. Si sus héroes son los delincuentes, reproducirán esas conductas.”

Las consecuencias de no actuar son evidentes: comunidades sitiadas, vidas perdidas y una generación atrapada entre la pobreza y la violencia. Cada joven que cae en el delito representa una historia de fracaso colectivo, donde la familia, el sistema educativo y las instituciones del Estado no lograron intervenir a tiempo.
Según Santana “Por más grave que haya sido el hecho cometido, siguen siendo niños. No se trata de eximirlos, sino de entender que su proceso de reinserción debe ser específico para su edad.”

En un país donde la juventud representa más del 30% de la población, ignorar este fenómeno es cerrar los ojos ante el futuro. La lucha contra las bandas delictivas no se ganará solo con armas, sino con educación, oportunidades y la presencia del Estado en los barrios donde hoy la ley la imponen los menores.