Este 3 de noviembre, la localidad de Paiporta se llenó de gritos y lodo cuando los reyes de España, Felipe VI y Letizia, junto con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitaron las zonas devastadas por las inundaciones. La multitud expresó su furia al gritar «¡asesinos!», y lanzar barro hacia la comitiva, reflejando la frustración y el dolor de los residentes tras días de devastación.
La visita se produce cinco días después de una intensa riada que dejó más de 70 muertos, según la alcaldesa de la ciudad. Los ciudadanos, exhaustos y desesperados, clamaban: «¿Cuántos muertos hay?», mientras las autoridades intentaban controlar la situación.
Una mujer, cercana a la reina Letizia, exclamó: «¡Lárguense! Llevamos seis días sin dormir», mostrando la desesperación que permea la comunidad. El ambiente se volvió insostenible, y la ira se concentró especialmente en el presidente Sánchez y el jefe del ejecutivo regional, Carlos Mazón, quienes debieron retirarse ante el aumento de la violencia verbal y física.
Con el rostro y la ropa salpicados de barro, el rey Felipe VI y la reina Letizia intentaron dialogar con los ciudadanos, pero la indignación era palpable. «Si hubieran venido el primer día y se hubieran puesto las botas, el pueblo los hubiese apoyado», le recriminó un joven al monarca, quien asintió con un gesto serio.
Más insultos
Mientras tanto, los gritos de «¡Fuera de nuestro pueblo!», resonaban en el aire, evidenciando el sentimiento de abandono que los vecinos de Paiporta sienten hacia las autoridades. Muchos se preguntan por qué no recibieron alertas adecuadas sobre el desastre que se avecinaba, que, en esta localidad de más de 25,000 habitantes, llegó sin previo aviso.
A pesar de la indignación, los reyes continuaron su recorrido, pero la situación no mejoró. Al intentar abandonar la zona, se encontraron con dificultades para acceder a sus vehículos, lo que aumentó el nerviosismo de su equipo de seguridad.
La visita, lejos de ser un momento de consuelo, se convirtió en un símbolo de la frustración de una comunidad que enfrenta la devastación y la incertidumbre sobre su futuro. «Han venido aquí todos a proteger al rey, y no están dejando pasar a los que de verdad vienen a proteger las calles», lamentó un habitante de Paiporta.
Con un panorama desolador ante ellos, los residentes de Paiporta, aun en shock por la tragedia, miran hacia un futuro incierto, sumidos en el barro y el dolor de una pérdida irreparable.