El papa Francisco no solo lideró la Iglesia católica. Redefinió lo que significa ser Papa en pleno siglo XXI. En un mundo saturado de líderes autoritarios y obsesionado con la imagen, el argentino Jorge Mario Bergoglio eligió el gesto más radical: despojarse.
Su vestimenta no fue casual, ni producto de la indiferencia hacia el estilo. Fue una postura política, una declaración de principios. Cada par de zapatos negros, cada reloj modesto y cada cruz sin ornamento hablaban más alto que muchos discursos desde el balcón de San Pedro.

Desde el primer día de su pontificado en 2013, Francisco rompió con el protocolo. Cuando lo vistieron por primera vez con la sotana papal, suplicó: “Ya no me disfracéis más, por favor”. No se trataba solo de evitar la pompa, sino de conectar. De parecer humano. De serlo. Francisco entendió que el poder, cuando se viste de humildad, puede volverse profundamente transformador.
Aquí repasamos el activismo estético del Papa Francisco, un aspecto clave de su pontificado, en 5 objetos que definieron su vida y su fe.
Francisco y su revolución de los detalles
Tal vez sin quererlo, el papa Francisco se volvió un ícono pop. No por vestir a la moda, sino por reescribir lo que la moda podía significar en un líder religioso. Su estética tenía alma. Su estilo predicaba. Su guardarropa se volvió espejo de su mensaje: un llamado urgente a la sencillez, a la empatía, a mirar hacia los márgenes.
Francisco nos enseñó que un hombre puede vestir sotana blanca y aún así caminar entre los demás sin parecer distante. Nos enseñó que en una época de disfraces, no vestirse de rey puede ser el acto más revolucionario de todos.
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Su cruz…de plata, no de oro
Desde el inicio de su pontificado, Francisco cambió la cruz de oro con piedras preciosas incrustadas por una tradicional de plata y, en ocasiones, incluso de madera.

Zapatos negros, los «de toda la vida»
Francisco rompió la tradición vaticana al rechazar los clásicos zapatos rojos. Optó por un par negro, usado, de toda la vida. Es de recordar que a su predecesor, Benedicto XVI, se los confeccionaban del “rojo de la sangre de Cristo”.

Su anillo plateado del «fin del mundo»
A diferencia de lo que era tradición, no quiso que su faja estuviera hecha de seda ni que llevara su emblema. Además, recicló el anillo del Pescador que otro Papa descartó (la tradición manda que cada Papa tenga su propio anillo). El suyo estaba hecho de plata con un baño de oro.
Pero, además, detestaba que le besaran el anillo del Pescador. Así que no lo llevaba para evitar tanta adulación y viejos formalismos y, en su lugar, utilizó un anillo plateado con una cruz que portaba desde que fuera obispo en Buenos Aires, «el fin del mundo», como bromeó al inicio de su pontificado.

«Clara-Mente», Francisco cambio un Rolex por un Casio
Para su muñeca, el papa Francisco prefería un Casio MQ-24 (que, curiosamente, también usaba Steve Jobs) o, como mucho, un Swatch. Antes de cambiarlo propuso sustituir la correa, pero le dijeron que le iba a salir más caro que uno nuevo. (Juan Pablo II llevaba un Rolex)

Nuevos lentes, «los más baratos»
Finalmente, cuando Francisco se vio en la necesidad de cambiar sus lentes de ver y acudió personalmente a una óptica en Roma, el hecho de que el Sumo Pontífice acudiera «por sus propios pies» a a tienda se transformó en un acontecimiento de interés mundial. “No quiero gastar mucho”, fue lo primero que advirtió al dependiente de la óptica.

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Belleza sin ostentación: la política de lo simple

Mientras otros Papas vivían en los lujosos aposentos del Palacio Apostólico, Francisco eligió la residencia de Santa Marta. Prefería compartir mesa, rezos y pasillos con otros miembros del clero. Allí, entre muebles funcionales y pisos sin alfombras de Persia, construyó el aura más fuerte que puede tener un líder: la cercanía.
No fue casual que su imagen cargando su propio maletín se hiciera viral. El mundo no estaba acostumbrado a ver a un pontífice sin asistentes, sin liturgias teatrales. Francisco parecía un párroco de barrio. Y eso, precisamente eso, fue su gran mensaje.