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Así era la Navidad dominicana en los tiempos de Balaguer

Durante los años de gobierno de Joaquín Balaguer (1966–1978 y 1986–1996), la Navidad dominicana se vivía con tradiciones profundamente arraigadas.

Santo Domingo, RD. – Durante los años de gobierno de Joaquín Balaguer (1966–1978 y 1986–1996), la navidad dominicana se vivía con tradiciones profundamente arraigadas y contrastes sociales marcados. También tenía el sello de una época política que definía hasta las celebraciones.

Para muchos dominicanos, la llegada de diciembre significaba fiesta, aguinaldos, charamicos y una esperada “doble sueldo”. Balaguer institucionalizó esto como incentivo navideño. Fue una medida muy popular que buscaba estimular la economía y aliviar los bolsillos en tiempos festivos.

En las calles, el ambiente se encendía con los “palos” y los villancicos criollos. Las emisoras de radio repetían infaltables clásicos como «Volvió Juanita» de Milly Quezada y «La Canoa se me Hundió» de El Cieguito de Nagua. El merengue navideño reinaba en cada fiesta de barrio. Mientras tanto, en las zonas rurales, la tradición de los aguinaldos (grupos que iban casa por casa con guitarra, güira y tambora) mantenía viva la esencia comunitaria.

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En la capital

El Malecón se vestía de luces, y los adornos navideños (hechos de madera, pintados de blanco y oro) adornaban avenidas y parques. En los hogares se armaban pesebres con papel marrón imitando montañas y se decoraban arbolitos con adornos modestos o traídos del extranjero por familiares emigrados.

Las fundas navideñas

Pero la Navidad de los tiempos de Balaguer también tenía claros contrastes. Mientras en el Palacio Nacional se ofrecían cenas oficiales y actos solemnes, en los barrios más pobres se repartían fundas navideñas del gobierno con arroz, habichuelas, aceite y otras provisiones. Esta era una política asistencial que marcaba la desigualdad de la época. Para muchos, esas fundas eran el sustento para preparar la tradicional cena de Nochebuena con pollo horneado, cerdo asado, moro de gandules y ensalada rusa.

Las celebraciones familiares eran íntimas y extendidas. La Nochebuena y el Día de Reyes se vivían con fervor. Los niños esperaban con ilusión los regalos de los Reyes Magos, en tiempos donde Papá Noel tenía menor presencia. Y no podía faltar la reunión en la galería con vecinos y parientes, compartiendo ron, ponche casero y música a alto volumen hasta el amanecer.

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La Navidad dominicana en los tiempos de Balaguer combinaba tradición, música, luces, ayuda oficial y contraste social. Era una época de alegría y unión familiar, pero también reflejo de un país con profundas desigualdades. El gobierno intentaba mitigar esto con medidas populistas. Mientras tanto, la gente hacía de la creatividad y la solidaridad el verdadero espíritu navideño.

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