Cada año, más de 2.3 millones de mujeres en el mundo son diagnosticadas con cáncer de mama, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En República Dominicana, esta enfermedad representa uno de los principales retos de salud femenina. En el nuevo episodio del podcast médico Código Salud, conducido por el doctor Emil Manzur y la doctora Omaira Reyes Almonte, la psicóloga Hayny Batista comparte su experiencia al recibir un diagnóstico que transformó su vida y redefinió su mirada sobre la fe, la ciencia y la salud mental.
El día que la palabra “paciente” dolió más que el diagnóstico
Todavía me choca la palabra paciente”, confiesa Hayny. Acostumbrada a acompañar a otros desde la psicología, nunca imaginó estar al otro lado del escritorio.
Cuando escuchó “tienes cáncer”, su mente entró en lo que ella llama modo supervivencia. “No es miedo a morir, es miedo a perder la autonomía”, dice.
Reyes explica que esa reacción es natural: “El cerebro entra en pánico. Por eso la red de apoyo y la salud mental son esenciales para sobrellevar el cáncer de mama”.
Del bloqueo a la aceptación
Durante las primeras semanas, Hayny intentó ser “la fuerte”, la que todo lo puede. “Yo decía que estaba bien, que podía con esto. Pero ese bloqueo me duró semanas”, admite.
Aceptar la vulnerabilidad fue su punto de inflexión. “El cáncer no se niega, se abraza. No todo va a estar bien, pero la fe ayuda a que lo que venga tenga sentido”.
Para Reyes, acompañar con evidencia es más valioso que repetir frases vacías:
“No basta decir ‘vas a sanar’. Hay que mostrar el plan terapéutico, el acompañamiento y los avances reales del tratamiento”.
La salud mental también cura
El cáncer de mama no solo afecta el cuerpo; también remueve las emociones. Para Hayny, el 70 % de su recuperación provino del apoyo emocional. “Mi familia, mis amigas y mis pacientes fueron mi refugio. No te dejan rendirte”.
Desde la neurociencia, el acompañamiento activa la corteza prefrontal y estimula hormonas de bienestar. “Eso te da fuerza para seguir, incluso en los días sin cabello o energía”, dice.
Su mensaje es claro:
“No te compares con historias negativas. Aférrate a la evidencia, a los avances médicos y a tu fe. La salud mental también cura”, Hayny Batista.
Identidad y propósito

El cáncer de mama desafía la identidad femenina. La pérdida del cabello o las cicatrices afectan la autoestima, pero Hayny aprendió a verse con otros ojos:
“El pelo no lo es todo. Mi valor no depende de mi cuerpo. Cuando decidí cortarlo antes de que se cayera, recuperé el control”.
Su fe se convirtió en su ancla: “Mi identidad está en Cristo. Eso me permite verme con propósito, no con miedo”.
Una vida reordenada
Hoy, Hayny vive desde un nuevo centro. “Antes mi vida era mi carrera. Ahora valoro más ser hija, esposa y amiga. Valoro al hombre que me besa el tumor para recordarme que me ama igual.”
El doctor Manzur concluye: “El cáncer de mama no es un final. Es una oportunidad para redescubrir la vida con propósito.”