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“Eso fue la maldición de mi vida”: Paciente en recuperación de las drogas pide a jóvenes no probar

América Sánchez Montero comenzó a consumir cocaína a los 18 años, tras la recomendación de un amigo que le aseguró que la sustancia evitaría que se embriagara al ingerir alcohol. Aquella decisión, aparentemente inofensiva, marcó el inicio de una espiral que la llevaría a consumir todos los días.

Durante los primeros años, el consumo era ocasional. Sin embargo, una situación familiar difícil la llevó a refugiarse completamente en la droga.

“Fue la maldición de mi vida”, expresó al recordar cómo pasó de usarla esporádicamente a depender de ella a diario.

Las declaraciones fueron ofrecidas durante una entrevista en el programa 55 Minutos con Julissa Céspedes, que se transmite de lunes a viernes por CDN, canal 37, a las 10:00 PM.

Las drogas dan una falsa sensación de bienestar, dice paciente en recuperación

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América explicó que bajo los efectos de la cocaína sentía una falsa sensación de bienestar, pero al pasar el efecto llegaba el “bajón”: depresión, llanto, culpa y una fuerte compulsión por volver a consumir.

“Uno no siente ni padece. No tiene control de sus actos”, relató. Esa compulsión la llevaba a repetir el ciclo constantemente, sobre todo en horarios nocturnos, mientras pasaba los días durmiendo.

Confesó que comenzó a consumir fuera del país y que personas cercanas, incluyendo una pareja, facilitaron el acceso a la sustancia. “Me la pusieron en la nariz y me dijeron: huele”, recordó.

Julio Díaz Capellán explicó que esa combinación de alcohol y cocaína es frecuente, ya que el estimulante contrarresta el efecto depresor del alcohol, generando una sensación inicial intensa que luego el consumidor intenta repetir sin éxito.

Con dos meses en tratamiento en Hogares CREA, América afirma que ahora comprende el daño causado y mantiene la esperanza de reconstruir su vida. “Se puede salir, pero hay que buscar ayuda”, sostuvo.

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