La mezcla indiscriminada en cárceles de RD facilita que los internos con menos experiencia en actividades delictivas aprendan técnicas y desarrollen conexiones con «criminales de mayor calibre».
Las cárceles en la República Dominicana enfrentan una crisis profunda que pone en tela de juicio su función como centros de corrección, rehabilitación y reinserción social.
Juristas expertos en la materia coinciden en que estas, lejos de transformar a los internos en ciudadanos capaces de reinsertarse de manera productiva en la sociedad, podrían haberse convertido en «academias del crimen», donde los reclusos adquieren conocimientos y hasta contactos para cometer nuevos delitos y más sofisticados.
Una de las razones más evidentes detrás de este problema es el hacinamiento que caracteriza al sistema penitenciario dominicano.
Academia del crimen: contactos y contaminación criminal
Datos compartidos constantemente por la Oficina Nacional de Defensa Pública (ONDP) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH-RD) reflejan una sobrepoblación crónica en los centros llamados de corrección y rehabilitación de personas que han estado en conflicto con la ley, donde los internos son obligados a convivir en condiciones infrahumanas.
Esto no solo afecta su salud física y mental, sino que también crea un entorno propicio para la contaminación criminal.
El problema se agrava por la falta de clasificación de los reclusos según la gravedad de sus delitos. En una misma cárcel o hasta en pabellones podrían coincidir personas que cumplen condenas por delitos menores, como el robo de una gallina o de un celular con narcotraficantes, clonadores de tarjetas, violadores, sicarios, secuestradores, acusados de terrorismo e incluso expertos en hackeo.
Esta mezcla indiscriminada facilita que los internos con menos experiencia en actividades delictivas aprendan técnicas y desarrollen conexiones con «criminales de mayor calibre».
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Cárceles RD deben cumplir propósito reformador
El director de la Oficina Nacional de Defensa Pública, junto a otros actores del sistema judicial, ha insistido en la urgencia de reformar este modelo. Según sus declaraciones, la clasificación adecuada de los internos debe ser una prioridad para garantizar que las cárceles cumplan con su propósito rehabilitador y no se conviertan en espacios de perfeccionamiento delictivo. Así lo explicó Rodolfo Valentín Santos, durante un almuerzo y conversatorio con periodistas.
Además del hacinamiento y la falta de clasificación, las deficiencias en los programas de rehabilitación y educación existentes dentro de las prisiones podrían contribuir a perpetuar este ciclo.
Ante esta realidad, recomiendan implementar un cambio estructural en el sistema penitenciario. Esto incluye la construcción de nuevos centros que permitan una menor concentración de internos por celda, el diseño de programas educativos efectivos y, sobre todo, la clasificación rigurosa de los reclusos según el tipo de delito y su nivel de peligrosidad.
Asimismo, se debe invertir en la capacitación del personal penitenciario para que puedan manejar de manera adecuada las necesidades y características de los diferentes grupos de internos.
La situación actual no solo afecta a los internos, sino también a la sociedad en general, ya que un sistema penitenciario deficiente incrementa las tasas de reincidencia y pone en peligro la seguridad ciudadana. Por ello, es imperativo que las autoridades, junto con la sociedad civil, trabajen de manera conjunta para transformar las cárceles dominicanas en verdaderos centros de rehabilitación y no en escuelas del crimen.