Thomas Sargent, premio Nobel de Economía, demostró que la credibilidad de los bancos centrales resulta clave para alcanzar y sostener la estabilidad de precios. De acuerdo con el profesor de la Universidad de Nueva York, la independencia del banco central debe ser real y permanente, basada en reglas y compromisos sostenibles, con el fin de que pueda operar como ancla nominal.
A partir del estudio de las hiperinflaciones de Alemania, Austria, Hungría y Polonia registradas en los años veinte del siglo pasado, Sargent confirmó que fue necesario implementar un conjunto de reformas institucionales que permitieron el cambio de régimen de política económica, lo que modificó y ancló las expectativas de inflación.
Sargent y Neil Wallace, este último de la Universidad de Penn State, desarrollaron la idea de que la disciplina fiscal constituye una condición indispensable para que el Banco Central controle la inflación. Si el valor presente de los superávits primarios futuros es inferior al monto de la deuda pública, los agentes racionales prevén que, tarde o temprano, dicha deuda se pagará mediante emisión monetaria, evento incompatible con el control de la inflación.
Por ello, los bancos centrales deben ser independientes y comprometerse con firmeza a no financiar al gobierno, ya sea directa o indirectamente. Con el fin de asegurar la credibilidad de ese compromiso y de facilitar a la población el acceso a información fidedigna, se requiere que exista por parte de las autoridades una política de máxima transparencia de sus actuaciones. Solo así, mediante la combinación de la sostenibilidad fiscal y la credibilidad monetaria, se mantendrá la estabilidad macroeconómica.