El horror tocó la puerta sin previo aviso, Así lo relató María Teresa Fabián, la empleada doméstica que vivió en carne propia la tragedia ocurrida el pasado miércoles 23 de julio en el residencial Naco Dorado IV, en pleno corazón del Distrito Nacional, donde una mujer perdió la vida y al menos cinco personas resultaron heridas en un brutal ataque que aún estremece a la sociedad dominicana.
“Mi doña me dijo que abriera, y yo solo obedecí”, contó entre sollozos la mujer ante el Ministerio Público. Pero del otro lado no había una visita cualquiera, sino Jean Andrés Pumarol Fernández, un joven de 30 años que irrumpió en la vivienda armada con dos cuchillos. “Me lanzó varias cuchilladas. Caí al suelo. Intenté cubrirme con una almohada, pero él no se detenía”, relató.
María Teresa también presenció cómo el agresor, en un acto de violencia desbordada, acabó con la vida de la mascota de la familia “una pequeña perrita” antes de atacar mortalmente a su empleadora, Yolanda Handal Abugabir, de 70 años, quien falleció poco después producto de las heridas.
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La escena fue descrita como caótica y sangrienta. El atacante fue detenido momentos más tarde y se encuentra bajo custodia, imputado por homicidio y tentativa de homicidio múltiple. Su familia asegura que el joven sufre de trastornos psiquiátricos desde hace años, un alegato que será examinado por las autoridades competentes durante el proceso judicial.
Este domingo, la Oficina de Atención Permanente del Distrito Nacional volvió a aplazar la audiencia para conocer la medida de coerción contra Pumarol. Es la segunda vez que se pospone la vista. Según informó el tribunal, la decisión responde a la necesidad de garantizar que una de las víctimas tenga pleno acceso al expediente acusatorio. La audiencia fue reprogramada para este lunes a las 9:00 de la mañana.
El Ministerio Público ha solicitado prisión preventiva como medida cautelar, en lo que se define la suerte judicial del imputado y se esclarecen todos los elementos del caso.
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Mientras tanto, el país entero sigue consternado, La comunidad del ensanche Naco permanece en silencio, como si aún no lograra despertar de la pesadilla que comenzó, simplemente, cuando alguien tocó a la puerta.