El río Ozama, uno de los principales afluentes de la capital dominicana, se encuentra en una crisis ambiental que lo ha convertido en el segundo vertedero más grande de Santo Domingo. Cada día, toneladas de desechos sólidos, que incluyen desde plásticos hasta animales muertos, son arrojados a sus aguas, afectando no solo el ecosistema, sino también la vida de quienes dependen de él. Según expertos, la cantidad de basura acumulada podría cubrir el Estadio Olímpico dos veces, un dato que ilustra la magnitud del problema y subraya la necesidad urgente de medidas de recuperación
En esta nueva entrega de CDN+, hicimos un recorrido por el río Ozama y su afluente, el río Isabela, junto a Andrés Bernal, un pescador con más de 50 años de experiencia en la zona de La Ciénaga.
Durante el viaje, Bernal compartió su perspectiva sobre el estado crítico de estos cuerpos de agua. «El río no genera basura», comenta el veterano pescador, «son las personas las que lo llenan de desechos, arrojando desde residuos domésticos hasta animales muertos». La gravedad de la situación ha llegado a un punto en que las autoridades locales se enfrentan a enormes desafíos para revertir el daño.
Impacto ambiental y social en las comunidades vulnerables
El panorama es desolador. Sectores como Sabana Perdida, La Barquita, y Los Tres Brazos, entre otros, vierten sus desechos directamente en el río Ozama y el río Isabela.
Estas comunidades, afectadas por la pobreza y la marginalidad, se encuentran en el centro de un ciclo de contaminación que, año tras año, degrada aún más el entorno natural.
Las cañadas que atraviesan la ciudad arrastran grandes cantidades de residuos. Mientras, las aguas de los ríos se llenan de envases plásticos, escombros y hasta animales muertos. Estos factores dificultan la navegación y poniendo en riesgo el sustento de pescadores como Bernal.
Los habitantes de sectores como Sabana Perdida, La Barquita y Los Tres Brazos tiran basura que es llevada por cañadas hasta el río Ozama, contaminando estas importantes fuentes de agua. Foto. Jhonny Rotestan.
Iniciativas de recuperación
Con el fin de enfrentar esta problemática, se han lanzado varias iniciativas, como el Fideicomiso Do Sostenible, una colaboración público-privada destinada a la gestión integral de residuos sólidos.
A través de este proyecto, se han implementado biobardas. Estas estructuras flotantes están diseñadas para retener la basura en la superficie del agua y evitar que llegue al río. Aunque estas medidas han mostrado resultados visibles, logrando reducir en un 80% el plástico flotante, el problema está lejos de resolverse.
Las autoridades también han cerrado el vertedero de Cancino, en un esfuerzo por minimizar la entrada de residuos al río. Sin embargo, según el ingeniero Vladimir Martínez, encargado de proyectos del fideicomiso, la cantidad de residuos acumulados sigue siendo alarmante.
Se estima que los ríos Ozama e Isabela contienen más de 1,200 toneladas de desechos, lo que coloca al Ozama como el segundo vertedero más grande de la región.
Contaminación oculta bajo la superficie del río Ozama
A pesar de que la basura visible en la superficie es alarmante, el problema real puede estar en el fondo del río. En las profundidades, se han acumulado toneladas de desechos no biodegradables como colchones, madera y metales, que no son visibles a simple vista. Estos residuos complican los esfuerzos de limpieza y agravan aún más la situación ecológica del río.
Por si fuera poco, las aguas residuales domésticas e industriales también contribuyen a la contaminación del Ozama. Entre el 40 % y el 50 % de la contaminación del río viene de estas fuentes. Esto muestra que se necesitan soluciones completas para tratar tanto la basura como las aguas residuales.
Ribera del río Ozama en Gualey. Foto Yimel Rivera.
El futuro del río Ozama
Para activistas como Elizabeth Mena, directora de la fundación Clean Rivers DR, la educación y la concienciación son fundamentales.
«Si no conocemos la gravedad del problema, no actuaremos», señala Mena, quien aboga por iniciativas de colaboración público-privada para avanzar hacia la recuperación del río. Además, considera esencial promover la educación ambiental en las comunidades aledañas para prevenir futuras degradaciones.
A pesar de los esfuerzos, se estima que tardará al menos 20 años en que el río Ozama vuelva a ser limpio y útil otra vez. Mientras tanto, la batalla por su recuperación continúa, enfrentando no solo los desechos flotantes, sino también la contaminación que se acumula en sus profundidades.
El río Ozama nace en las montañas de la Sierra de Yamasá y desemboca en el mar Caribe, recorriendo 148 kilómetros. Con el tiempo, ha pasado de ser un recurso vital a convertirse en un depósito de basura.
Las soluciones están sobre la mesa, pero el desafío para salvar este importante afluente sigue siendo monumental.