Santo Domingo. En el corazón de la Ciudad Colonial, entre las calles Hostos y José Reyes, una vía corta y tranquila conserva el nombre de una de las figuras más trascendentales de la historia nacional: Salomé Ureña. Aunque alejada del bullicio de la calle El Conde y del constante flujo de visitantes de Las Damas, esta calle recuerda el legado de la poeta, educadora y defensora de la formación femenina en la República Dominicana.
Salomé Ureña nació el 21 de octubre de 1850, en el barrio de Santa Bárbara, muy cerca de la actual calle Isabel la Católica. Hija del escritor Nicolás Ureña de Mendoza, aprendió a leer a los cuatro años y comenzó a publicar sus primeros poemas a los 15. Se convirtió con el tiempo en una de las voces literarias más importantes del siglo XIX.
Su obra poética exaltó el amor por la patria y retrató la esencia de Santo Domingo, especialmente en el poema Ruinas, dedicado a la antigua ciudad colonial.
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Fundó el Instituto de Señoritas en 1881
Sin embargo, su mayor aporte trascendió la literatura. Influenciada por las ideas del educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, fundó el Instituto de Señoritas el 3 de noviembre de 1881, el primer centro del país destinado a ofrecer educación superior a las mujeres, en una época en la que la enseñanza avanzada estaba reservada casi exclusivamente para los hombres.
El 12 de abril de 1887 se graduaron allí las seis primeras maestras normales de la República Dominicana. Este hecho marcó un antes y un después en la formación docente y en el acceso de las mujeres a la educación.
Salomé Ureña falleció el 6 de marzo de 1897, víctima de tuberculosis, pero su legado continúa vivo. Cada 21 de octubre, fecha de su nacimiento, el país conmemora el Día Nacional del Poeta, mientras la calle que lleva su nombre recuerda a la mujer que demostró que las dominicanas también podían pensar, escribir, enseñar y transformar la historia nacional.