El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este miércoles a Catar luego de una visita a Arabia Saudita, donde sorprendió al mundo al anunciar el levantamiento de las sanciones a Siria y exhortar a su nuevo líder a normalizar relaciones con Israel.
Ahmed al Sharaa, el recientemente instaurado presidente sirio con un pasado vinculado al yihadismo, estuvo detenido en una prisión estadounidense en Irak y llegó a liderar una rama de Al Qaeda en Siria. En diciembre asumió el poder en Damasco al frente de una coalición rebelde, tras una ofensiva de 11 días que derrocó al régimen de Bashar al Asad.
La reunión entre Trump y Al Sharaa, la primera entre mandatarios de ambos países en 25 años, fue breve e informal, con una duración de poco más de media hora, según informó la Casa Blanca. También participaron, de forma remota, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y, presencialmente, el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, según imágenes difundidas por la prensa oficial.
Trump y las sanciones impuestas
En su primera jornada en Riad, Trump sorprendió al anunciar el fin de las sanciones impuestas a Siria durante el régimen de Al Asad por su represión interna. La medida recibida como un «punto de inflexión fundamental» por el nuevo gobierno sirio, en un país devastado por casi 14 años de guerra civil, que ha dejado más de medio millón de muertos y millones de desplazados.
La noticia fue celebrada en las calles de Damasco, especialmente en la simbólica Plaza de los Omeyas. «Esperamos que esto abra una nueva era en Siria», dijo Ahmed Asma, un ciudadano de 34 años, a la agencia AFP.
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Según Rabha Seif Allam, del Centro de Estudios Políticos y Estratégicos de Al Ahram en El Cairo, el levantamiento de sanciones demuestra que «Washington aceptó las garantías sauditas para legitimar a la nueva administración siria».
Reticencias de Israel
Durante el encuentro, Trump instó a Al Sharaa a normalizar relaciones con Israel, tomar control de las prisiones que albergan a combatientes del Estado Islámico y expulsar de Siria a las facciones palestinas calificadas como «terroristas».
“Le dije a Al Sharaa: ‘Espero que se una a los Acuerdos de Abraham cuando resuelva su situación’, y él me respondió que sí. Pero todavía tienen mucho por hacer”, declaró Trump a la prensa antes de partir hacia Catar.
Los Acuerdos de Abraham, impulsados por la administración Trump, son pactos de normalización entre Israel y varios países árabes, incluidos Baréin y Emiratos Árabes Unidos.
Trump describió a Al Sharaa como “un joven atractivo, un tipo duro, con un pasado fuerte, un luchador”.
Sin embargo, la reunión generó recelo en Israel, principal aliado de Washington en la región, que mantiene una ocupación en los Altos del Golán y continúa con bombardeos frecuentes en territorio sirio. El gobierno israelí ve con desconfianza a la nueva administración islamista en Damasco.
Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores sirio calificó el encuentro como “histórico”, aunque evitó pronunciarse sobre una posible normalización con Israel, tema que tampoco fue abordado por los medios estatales sirios.
Trump, por su parte, reconoció que las sanciones impuestas durante el régimen de Al Asad fueron «realmente devastadoras» para la economía siria. “Esto les da una buena oportunidad para reconstruirse”, añadió.
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Polémica en torno a su visita a Catar
La llegada de Trump a Catar no estuvo exenta de controversia. El motivo es la cesión temporal de un lujoso Boeing 747-8 por parte de la familia real catarí, destinado a reemplazar, al menos provisionalmente, al Air Force One. El avión está valorado en 400 millones de dólares, y según Trump, se trata únicamente de un “regalo temporal”.
No obstante, desde el Partido Demócrata han calificado el gesto como “el mayor soborno extranjero de la historia reciente”. Además, expertos han expresado dudas sobre la seguridad del aparato y las implicaciones éticas del obsequio.
Con informaciones de AFP