La inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana de millones de niños y adolescentes, pero su rápida expansión también ha despertado preocupación en organismos internacionales por los riesgos que representa para la seguridad, el bienestar y el desarrollo de los menores. Un reciente informe de Unicef advierte que el uso de estas herramientas avanza mucho más rápido que las medidas para proteger a la infancia.
Según el análisis, realizado a partir de encuestas en diez países, entre ellos República Dominicana, al menos 20 millones de niños de entre 12 y 17 años ya han utilizado herramientas de inteligencia artificial. El estudio revela que los menores son más de tres veces más propensos a usar esta tecnología que sus propios padres o cuidadores, principalmente para realizar tareas escolares, buscar información o traducir textos.
No obstante, Unicef alerta que el uso de la inteligencia artificial también está cambiando la forma en que los adolescentes buscan apoyo emocional. Uno de cada diez menores que utiliza estas plataformas aseguró que recurre a ellas para pedir consejos sobre problemas personales, lo que plantea interrogantes sobre la dependencia emocional que pueden generar los chatbots y la falta de supervisión en estas interacciones.
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Amenazas
El organismo también identifica amenazas relacionadas con la desinformación, las estafas y los llamados deepfakes, imágenes, audios o videos manipulados con inteligencia artificial para parecer reales. El informe estima que al menos 1.2 millones de niños en once países fueron víctimas, durante el último año, de la creación de imágenes falsas de contenido sexual mediante esta tecnología. Una práctica que representa un grave riesgo para la privacidad y la integridad de los menores.
Otro aspecto que preocupa a Unicef es la brecha digital entre padres e hijos. Mientras una gran parte de los adolescentes ya utiliza inteligencia artificial con frecuencia, la mayoría de los adultos nunca la ha usado. Lo que dificulta que puedan orientar a los menores, detectar posibles peligros o acompañarlos ante situaciones de riesgo.
Ante este panorama, Unicef sostiene que la solución no pasa por prohibir estas herramientas, sino por promover la alfabetización digital, fortalecer la investigación sobre sus efectos en la infancia, exigir mayores medidas de seguridad a las empresas tecnológicas y desarrollar regulaciones que garanticen un entorno digital más seguro. El organismo concluye que el verdadero desafío ya no es si los niños utilizarán inteligencia artificial, sino cómo garantizar que lo hagan de manera responsable y protegida.