La capital de Zambia es escenario de un caso que parece sacado de una película: dos hombres recibieron una condena a prisión y trabajos forzados tras intentar matar al presidente Hakainde Hichilema con brujería.
La policía los atrapó en un hotel con objetos insólitos: un camaleón vivo dentro de una botella, colas de animales y pociones en 12 frascos. Según las autoridades, todo se usaría para lanzar un “hechizo mortal” contra el mandatario.

El juicio tomó un giro político cuando se reveló que el hermano de un exlegislador habría contratado a los acusados. La historia revivió la discusión sobre una ley centenaria, la de brujería de 1914, que aún castiga hasta con tres años de cárcel estas prácticas.
Política y brujería: el caso de Zambia
En Zambia, donde la religión cristiana convive con tradiciones ancestrales, la brujería mantiene gran influencia. Estudios oficiales señalan que casi 8 de cada 10 ciudadanos creen en ella.

El caso ha dado la vuelta al mundo como ejemplo de cómo la política y las supersticiones se entrelazan en África.
Con este proceso judicial, Zambia pone en evidencia la persistencia de prácticas y creencias que conviven con la modernidad y la democracia.
La brujería, lejos de ser un mito en el continente, sigue marcando decisiones sociales y hasta políticas.