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CECOT: ¿Modelo de seguridad o prisión polémica? Las dos caras de la megacárcel salvadoreña

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele inauguró oficialmente el 31 de enero del 2023 la cárcel de máxima seguridad CECOT, como el Centro de Confinamiento del Terrorismo, sin embargo, desde su anuncio hasta el día de hoy, esta infraestructura ha sido objeto de elogios y cuestionamientos, no cesa de despertar la opinión pública, mientras unos la perciben como un modelo de seguridad, para otros parece ser una prisión polémica.

Atrayendo la atención de medios internacionales, organizaciones de derechos humanos y gobiernos extranjeros, sigue vigente el debate de la prisión más grande de América Latina, que también es una pieza central de la política de seguridad del actual gobierno salvadoreño, ¿Es el CECOT un modelo exitoso de control del crimen o una peligrosa manifestación de autoritarismo?

A continuación, te mostramos las dos caras de la megacárcel salvadoreña con una capacidad para 40,000 internos que ha sido el centro de atención y controversia durante los últimos años.

Modelo de seguridad: la mano dura como estrategia

La narrativa del gobierno salvadoreño presenta al CECOT como una solución definitiva contra las pandillas que durante décadas sembraron violencia, extorsión y muerte en el país. La prisión construida como parte del Régimen de Excepción, instaurado en marzo de 2022, tras una ola de homicidios que dejó más de 80 muertos en solo tres días.

Desde entonces, más de 75,000 personas fueron arrestadas, y muchas de ellas trasladadas a este recinto penitenciario. El complejo cuenta con tecnología de vigilancia avanzada, muros de 11 metros de altura, patrullajes constantes y una estructura diseñada para evitar cualquier tipo de contacto con el exterior.

Según cifras oficiales, El Salvador ha pasado de ser uno de los países más peligrosos del mundo a registrar tres de los años más seguros en su historia reciente, con una notable disminución en los índices de homicidios.

Para muchos ciudadanos, el CECOT representa una promesa cumplida.

Denuncias y silencio institucional

Detrás de las cifras de seguridad también se alzan fuertes críticas sobre los métodos utilizados para lograr este aparente éxito.

Organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han denunciado violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

Las principales denuncias fueron por detenciones arbitrarias sin pruebas insuficientes ni acceso a defensa legal, falta de visitas de familiares o contacto con el exterior, condiciones de encierro extremas con hacinamiento, alimentación deficiente y atención médica limitada, aislamiento prolongado y trato degradante, falta de transparencia sobre la lista de reos dentro del CECOT y en el proceso judicial.

Además, el CECOT como instrumento político señalado por diversos analistas, sobretodo tras el ofrecimiento del presidente Bukele de liberar a migrantes venezolanos detenidos allí a cambio de que el gobierno de Nicolás Maduro excarcele a presos políticos en su país.

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Un modelo en disputa

Para muchos gobiernos de la región, el «modelo Bukele» despierta interés. Países como Honduras y Ecuador han buscado replicar ciertas políticas de seguridad inspiradas en el caso salvadoreño.

Lo cierto es que el CECOT se ha convertido en un símbolo. Para algunos, es el símbolo del fin del miedo; para otros, del inicio de una etapa de represión encubierta.

La comunidad internacional sigue dividida entre quienes lo ven como un ejemplo efectivo de control del crimen organizado y quienes lo consideran una deriva autoritaria que pone en riesgo los derechos humanos.

Una pregunta clave que despierta el CECOT para El Salvador y para el mundo es, ¿Hasta qué punto se puede restringir la libertad en nombre de la seguridad? El tiempo y las voces de quienes viven en su régimen de consecuencias dentro y fuera de sus muros darán la respuesta.

Por Jazmín Figueroa

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