Los accidentes de tráfico siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en el mundo, estando la somnolencia detrás de muchos de ellos. El Reglamento General de Conductores que entró en vigor en 2018 recoge que aquellas personas que estén diagnosticadas con la apnea obstructiva del sueño (SAOS) podrían sufrir la retirada inminente del carnet de conducir hasta que sean tratados.
La apnea del sueño es un problema latente entre los conductores, y es que según datos de la Sociedad Española del Sueño, el 30% de los accidentes de tráfico que se producen en nuestro país son como consecuencia de la somnolencia. De hecho, se puede llegar a asegurar que la apnea del sueño se encuentra detrás de uno de cada cuatro accidentes de este tipo, es decir, en el 25% de los casos.
La apnea, uno de los requisitos psicofísicos básicos
Esta situación ha llevado a la Unión Europea ha incluir este trastorno como uno de los requisitos psicofísicos básicos que hay que superar para poder mantener o conseguir el permiso de conducción. Gracias a un eficiente tratamiento con CPAP se conseguirán reducir tanto los efectos del SAOS como la tasa de accidentes.
En base a esta problemática, el citado Reglamento General de Conductores considera como no aptos a todos aquellos que estén diagnosticados con un Índice de Apnea Hipopnea de Sueño (IAHS) superior a 15. De este modo se invita a los conductores que sospechen que pueden padecer apnea del sueño que se pongan en manos de especialistas y que no pospongan el diagnóstico de un posible trastorno del sueño. A su vez, además de descubrir cómo actuar frente al SAOS, será conveniente que los conductores aprendan cuándo descansar, cómo hacerlo y qué tratamiento seguir para mejorar sus capacidades al volante.
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En un estudio formulado por la Fundación de Comisariado Europeo del Automóvil en 2015, se detectó que el 72% de los encuestados habían padecido somnolencia en algún momento de la conducción, pudiendo deberse en gran parte a una apnea obstructiva del sueño no diagnosticada.