NCDN

Mitos sobre la maternidad

Existe una falsa dicotomía: o pares con epidural o pares con dolor. Parece que no se contempla la analgesia no farmacológica. Este artículo no va de enfrentar partos medicalizados y partos naturales. Va de respeto, de entender esas decisiones que tú jamás tomarías pero otras personas sí.

Tras publicar el artículo ‘La maternidad no es la meta de toda vagina‘ me han escrito muchas madres diciéndome que —atención, sentaos— si pares sin dolor no es «parir parir» y, por tanto, no eres «madre madre». Esperad que aún hay más: si no das el pecho tampoco lo eres. Y llega la traca final: si se te ocurre seguir teniendo una vida propia (salir sola o con amigas o hacer cosas al margen de tu hijo o hija) tampoco eres una «madre madre». A ver:

La epidural. Es tu amiga y también la técnica más efectiva en relación riesgo/beneficio. Esto no quiere decir que las que eligen un parto natural estén equivocadas, quiere decir que hay quien prefiere parir en un hospital con sus aparatitos y su personal sanitario por si hay alguna complicación, y hay quien no. La epidural no te la ponen nada más llegar, tienes que haber dilatado BASTANTE. Por si no lo sabéis, se dilata mediante contracciones, que son las que producen el dolor. Medir el nivel de sufrimiento para que te den el «carné de madre» es una estupidez. Mi leyenda urbana favorita sobre el uso de la epidural es «el niño sale drogado».

La lactancia. Nadie pone en duda que la leche materna es un gran alimento para el bebé: le aporta nutrientes, anticuerpos y defensas. Pero también es muy sacrificado y agotador. El desarrollo de un niño no es solo físico, también es emocional y afectivo. Así que si estás exhausta, utilizar leche artificial no tiene que hacerte sentir mal. Acabemos con la idea de que las madres tienen superpoderes y asumamos que son humanas.

Ser madre no te anula como persona individual. Vivir para los demás anteponiendo SIEMPRE sus deseos a los propios crea insatisfacción e infelicidad. Los hijos felices tienen padres felices.

Te cuentan que estar embarazada es maravilloso, que sientes a tu hijo y creas un vínculo de amor y comunicación con él. Pues hay mujeres que sí y mujeres que no, y ambos casos son normales. Los cambios físicos, más de lo mismo: teniendo un buen embarazo, hay a quien le duelen los pechos una barbaridad y hay a quien no; hay quien tiene insomnio y hay quien duerme realmente bien; hay quien retiene líquidos y hay quien orina cada cinco minutos; hay quien está cachonda perdida y hay quien pierde la libido.

Eso sí, casi todas llegan a los 9 meses cansadas y queriendo dar a luz ya. El parto, ya sea en un hospital, en tu casa o en una piscina, es un parto igualmente. Y ya puestos a decir verdades, traer un hijo al mundo no te hace madre, igual que tener gallinas en el pueblo no te hace granjero. Ser madre es mucho más que parir o dar el pecho. Ser madre es amar, y amar es cuidar, educar y respetar. Lo del dolor, la resignación y el sacrificio es la Biblia, no la vida, copón.

Basta de justificar que quieres a tu hijo más que nada en el mundo aunque no lo hayas parido entre dolores ni le hayas dado el pecho con los pezones agrietados. Basta ya.