Yamilex Hernández no solo ganó una corona, Ganó un lugar en la historia como la primera mujer en ostentar el título de Miss Universe Latina, una plataforma inédita creada para amplificar la representación de las mujeres latinas en Estados Unidos dentro del universo de los certámenes de belleza.
La gala final se celebró en Bogotá, Colombia, bajo la producción de Telemundo. Allí, Yamilex no desfiló solo con vestidos: desfiló con una historia, Una historia que comenzó en las montañas de Tavera, en La Vega, República Dominicana, y que atravesó océanos, idiomas y fronteras sociales, hasta llegar a su punto más brillante.
A los 13 años emigró junto a su padre y dos hermanos a la ciudad de Perth Amboy, Nueva Jersey, donde la adaptación no fue fácil. Aprendió inglés mientras trabajaba y estudiaba. Fue cajera, fue tutora, fue voluntaria. Pero, sobre todo, fue resiliente. “He sido muchas cosas, pero nunca me he dejado definir por mis circunstancias”, expresó en uno de los episodios del reality.
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Con 1.83 metros de estatura, un título universitario en Comunicación y Cine, y una certificación en liderazgo de Harvard, Yamilex demostró que la belleza no se mide solo en centímetros o maquillaje, sino en voz, conciencia y causa. Desde su primera aparición en pantalla, su mensaje fue claro: promover la salud mental infantil en comunidades migrantes. Y eso la distinguió.
La competencia no fue fácil. Enfrentó a candidatas como Génesis Dávila (Puerto Rico) y Gemmy Quelliz (RD-USA), quienes completaron el podio. Pero Yamilex supo conectar no solo con los jueces, sino con una audiencia que la sintió cercana, real y necesaria.
“No gané por ser perfecta. Gané porque no escondí mis cicatrices”, dijo con lágrimas y firmeza, mientras sostenía la banda de Miss Universe Latina 2025. Con el triunfo, recibió además un premio de 100,000 dólares y acceso a la preparación oficial rumbo al Miss Universo, que se celebrará este noviembre en Tailandia.
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Pero más allá del certamen, Yamilex representa una narrativa distinta. No es solo una dominicana triunfando en un escenario internacional. Es el reflejo de una diáspora que no olvida sus raíces, una mujer que transforma su historia personal en una plataforma para servir.
El universo ya la vio. Ahora le toca al mundo escucharla.