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Consecuencias de la política monetaria zigzagueante | Jaime Aristy Escuder

Para entender las consecuencias de las acciones del Banco Central de la República Dominicana es preciso partir de la teoría monetaria. Michael Woodford, profesor de la Universidad de Columbia, sostiene en su obra “Interés y Precios” que la política monetaria funciona principalmente a través de las expectativas. El concepto de orientación futura (“forward guidance”) desarrollado por Woodford describe la práctica mediante la cual las autoridades monetarias comunican de manera explícita sus intenciones sobre los instrumentos de política, en particular la trayectoria esperada de las tasas de interés.

Esto implica que la efectividad de la política monetaria depende tanto de las decisiones de tasas actuales como de la capacidad del organismo emisor de comprometer de manera creíble su comportamiento futuro. Un mensaje coherente ancla las expectativas, aumenta la efectividad de la política sin mover la tasa de interés y minimiza el costo real de los ajustes desinflacionarios. Es decir, como remarca Woodford, “la clave de una buena política monetaria es la gestión de las expectativas.”

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En contraste, cuando la narrativa o las decisiones del banco central cambian sin haberse producido variaciones en los fundamentos económicos, sino por pura inconsistencia, zigzagueo, ambigüedad o reversión no justificada, la señal se convierte en ruido monetario. Los agentes no pueden distinguir si el viraje en la postura monetaria responde a nueva información sobre la economía o a una preferencia de corto plazo desligada de la regla que la institución está obligada a seguir.

Las consecuencias del zigzagueo son una mayor volatilidad de las variables económicas, incluyendo el tipo de cambio, la pérdida del anclaje de las expectativas y una prima de riesgo adicional sobre la tasa de interés a largo plazo.

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