Santiago, RD. – Amor, entrega y sacrificio son los sinónimos perfectos para definir a una madre. Quienes han tenido la bendición de dar vida, coinciden en que esta etapa es, sin duda, el mayor tesoro de su existir.
Para ellas no existieron horarios ni cansancio. Desde tempranas horas de la mañana se levantaban a vender café, a comercializar productos en las calles o a realizar cualquier labor digna con un solo norte, sacar a flote a sus hijos, quienes hoy cosechan los frutos como grandes profesionales.
Con orgullo, hoy narran parte de esos consejos y firmes enseñanzas que les proporcionaron a sus hijos como pilar fundamental de su formación.
Estas damas, que en su mayoría ya son abuelas, aprovechan la ocasión para hacer un llamado a la nueva generación de madres e instan a rescatar valores perdidos, inculcando el respeto y la obediencia en la crianza.
Estas abnegadas mujeres se ruborizan, pero no pueden ocultar la satisfacción del deber cumplido. Hoy sonríen porque saben y sienten que están recogiendo lo que han sembrado en sus hijos.
Por: Deyanira López